Mauricio Cabrera Galvis
columnista

¿Subir el salario mínimo?

Si el aumento del salario fuera del 5 por ciento, el trabajador recibiría $38.000.

Mauricio Cabrera Galvis
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
agosto 26 de 2018
2018-08-26 07:52 p.m.
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Son numerosas las preguntas que se han planteado sobre la propuesta del expresidente-Senador de hacer un aumento extraordinario y por una sola vez del salario mínimo: que si es un contentillo para justificar la rebaja de impuestos a las empresas; que si es una forma de compensar la propuesta de extender el IVA a todos los productos de la canasta básica; que si es una forma de ‘mermelada’ para el Congreso, pues se van a aumentar los salarios de los congresistas, y que si son todas las anteriores.

También se ha cuestionado la razón del cambio de modelo del expresidente, que ahora parece preocuparse por los ingresos de los trabajadores cuando en sus dos periodos de gobierno recortó los devengos laborales y propició un deterioro en la distribución del ingreso. Un simple indicador así lo demuestra: entre el 2002 y el 2010, el salario mínimo solo creció 1 por ciento anual por encima de la inflación, para un acumulado de 9 por ciento en el periodo, mientras que el PIB per cápita real creció 25,8 por ciento, es decir que el salario mínimo creció menos que la riqueza y el producto total de la economía.

Sin entrar en el juego de las hipótesis o las conjeturas, quiero analizar desde el punto de vista estrictamente económico los pros y contras de la propuesta en la coyuntura actual, para lo cual conviene recordar cuál es el papel que juegan los salarios en el engranaje de la economía.

Para cada empresa por separado los salarios tienen un doble impacto: de una parte, son el precio del trabajo empleado en la producción y, por lo tanto, un factor que incide en los costos cuando se aumentan o disminuyen las utilidades de los empresarios o se trasladan a los precios del consumidor. En la pugna distributiva, los empresarios suelen ser reacios a las alzas salariales, más cuando son extraordinarias, como la que se propone. Por otra, para el conjunto de las compañías, los salarios son determinantes de la capacidad adquisitiva de la mayoría de consumidores y, por ende, de la cantidad de productos que puedan vender en el mercado interno. Desde esta perspectiva, se justificaría el aumento extraordinario, pues serviría para estimular la demanda interna y por consiguiente las ventas y la producción.

Pero la propuesta del expresidente tiene una condición que impide que opere este mecanismo de impulso al crecimiento del PIB, pues plantea que el aumento del salario debe depositarse en los fondos de cesantías, es un ahorro forzoso para los trabajadores. Así, la economía se queda con el pecado de los mayores costos de producción y sin el género de la reactivación económica. Y el otro aspecto negativo es que no modifica la conexión que tiene el salario mínimo con una gran cantidad de partidas del gasto público, como tarifas, multas, pensiones y demás salarios del sector público.

Esta indexación presiona el déficit fiscal y la inflación, que se acabarán comiendo el alza en los salarios, además de incrementar desigualdades. Por ejemplo, si el aumento del salario mínimo fuera del 5 por ciento, el trabajador recibiría 38.000 pesos, y si los sueldos oficiales se ajustan en la misma proporción, un congresista tendría un incremento de 1,5 millones de pesos en su remuneración.

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