Mauricio Cabrera Galvis

Tragedia griega

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
febrero 03 de 2015
2015-02-03 03:24 a.m.
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Grecia, la cuna de la tragedia teatral, vive hoy una tragedia real cuyas dimensiones y dramatismo superan las peores situaciones que alcanzaron a imaginar Esquilo, Sofocles o Eurípides.

Pero en contra de la alharaca que ha hecho la derecha mundial por los resultados de las elecciones que le dieron el triunfo absoluto a la izquierda radical del partido Syriza, este cambio de gobierno no es la causa, sino la posible solución a las desdichas del pueblo heleno.

La tragedia griega empezó con los gobiernos conservadores que controlaron el país desde finales del siglo pasado, que con políticas irresponsables y una enorme corrupción contrataron multimillonarios créditos, llevando la deuda pública a niveles imposibles de pagar.

Para conseguir esos créditos maquillaron las cifras económicas y contaron con la complicidad de banqueros alemanes y de otros países europeos, igualmente irresponsables, que aceptaron a sabiendas las mentiras, confiando en el respaldo de sus gobiernos, que estimularon los préstamos para poder vender más a Grecia, especialmente armas y equipo militar.

El segundo acto de la tragedia empezó con el estallido de la crisis financiera del 2008 que frenó los flujos de capitales e hizo evidente la imposibilidad de pagar la deuda griega. Al rescate de los bancos privados vino la Troika (el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, bajo la guía del conservador gobierno alemán), que impuso a Grecia un drástico programa de ajuste macroeconómico, como en Latinoamérica en los años 80 del siglo pasado, como condición para hacerle nuevos préstamos que se usaron para pagarle a los bancos.

El ajuste fiscal fue draconiano: recorte del gasto público en 20 %; reducción de los salarios del 24 % y despido de la quinta parte de los empleados oficiales, de manera que de un déficit fiscal del 6 % se pasó a un superávit primario (antes de pago de intereses) de 6 % del PIB.

En el frente externo se redujeron 36 % las importaciones y se logró un superávit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, después de haber tenido un déficit de cerca de 30 % del PIB. Todo para tener euros para pagar los préstamos.

Las políticas de austeridad fiscal produjeron 6 años de recesión y una caída del PIB del 26 %, al pasar de 245.000 a 180.000 millones de euros.

El costo social fue peor: desempleo masivo que llegó al 28 % y casi al 60 % entre los jóvenes; caída del nivel de vida por la destrucción del Estado de bienestar –el gasto en salud pública se redujo en 40 %– y empobrecimiento generalizado de la población. El esfuerzo ha sido inútil. Desde que empezó el ajuste en el 2010 la deuda griega pasó del 113 % al 170 % del PIB, a pesar de que en términos nominales bajó 13.000 millones de euros, por la caída del PIB, y el país sigue sin capacidad de pagarla.

Al elegir a Syriza y derrotar a los partidos tradicionales, el pueblo griego votó contra las políticas de austeridad impuestas por la Troika y a favor de la inclusión, la justicia social y el bienestar de la gente como valores supremos de la democracia. Su elección fue la de volver a la senda del empleo y el crecimiento económico como la única solución sostenible al problema de la deuda.

No se sabe el desenlace de la tragedia. La ‘Moira’, esa fuerza fatal que determinaba el destino de los personajes de la tragedia griega, hoy se encarna en las políticas destructivas de la Troika, pero el pueblo ha dicho basta y hay una luz de esperanza antes de que se cierre el telón.

Mauricio Cabrera Galvis
Consultor Privado
macabrera99@hotmail.com
 

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