Mauricio Cabrera Galvis

Utilidades escondidas

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
mayo 05 de 2015
2015-05-05 03:58 a.m.
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¿Cuál es la entidad pública que ha tenido mayores utilidades en la historia? Si piensa que es Ecopetrol está equivocado. Esta ‘solo’ tuvo utilidades por $7,5 billones el año pasado y en el 2012 –su mejor periodo– llegó a $14,9 billones. Sin duda, son cuantías enormes, pero palidecen frente a los $21 billones que logró el Banco de la República (BR) en el 2014. El problema es que las tiene escondidas y no las muestra en sus estados financieros.

Según las normas contables internacionales (Niif), cualquier empresa tiene que registrar en su balance las utilidades o pérdidas que tenga por el impacto del ajuste de la tasa de cambio sobre sus activos o pasivos en moneda extranjera. Así, si el peso se devalúa como en el 2014, cuando el dólar pasó de $1.926 a $2.392, tiene que registrar una pérdida si tiene créditos en dólares, o una utilidad si tiene inversiones en esa divisa.

Las reservas internacionales del país son por definición un activo en dólares. Como en el 2014 el BR tenía, en promedio, unos US$45 billones, la devaluación del peso le generó utilidades por $21,3 billones. Sin embargo, de acuerdo a sus estatutos y en contra de las Niif, no las registra como un ingreso en el P&G, sino que lo contabiliza solo como un superávit que le aumenta el patrimonio, pero no las utilidades, y así no las tiene que entregar al Gobierno.

Hay una clara asimetría y contradicción en la contabilidad del BR. El año pasado las monedas de países como Inglaterra, Canadá o Australia también se devaluaron frente al dólar. Como el BR tiene reservas invertidas en esas divisas hubo un ajuste cambiario negativo de $1,1 billones, pero ese no lo contabiliza como disminución del superávit patrimonial, sino como una pérdida que tiene que cubrir el Gobierno aumentando el déficit fiscal.

Esta forma de contabilidad, contraria a las normas internacionales, tiene una clara justificación histórica, pues se trata de evitar los abusos cometidos hasta los años 80, cuando el Gobierno usaba las utilidades provenientes de la devaluación para financiar sus gastos corrientes y así maquillar el déficit fiscal con la desaparecida Cuenta Especial de Cambios.

Es evidente que ese error no se debe repetir. No es una práctica sana para ninguna empresa repartir a sus accionistas las utilidades contables del ajuste cambiario, y mucho menos para el Gobierno. Pero la forma de evitar esas prácticas no es distorsionando la contabilidad con registros contrarios a las normas internacionales, sino con reglas estrictas que lo prohiban.

La alternativa más transparente es registrar los ingresos del ajuste cambiario como una utilidad, pero al mismo tiempo establecer la obligación de constituir una reserva con esas utilidades, que si bien pertenece al Gobierno, no pueda ser utilizada para financiar el gasto público. El beneficio que sí tendría el Gobierno es que con esa reserva se compensaría la pérdida originada en la devaluación de las otras monedas frente al dólar, y así no la tendría que cubrir con recursos del presupuesto nacional. Mejor reglamentar el uso de las utilidades que esconderlas.

Adenda. Lapidaria afirmación de la Corte Suprema: “Es indiscutible que los funcionarios del DAS actuaron a nombre de la institución, cuyos directivos, a no dudarlo, siguieron las directrices ilegales que les trazó la Presidencia de la República”. Por eso, la Corte pidió que se investigue la responsabilidad del expresidente que compró su reelección en las ‘chuzadas’. Sin comentarios.

Mauricio Cabrera G.
Consultor privado
macabrera99@hotmail.com
 

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