Mauricio Cabrera Galvis

Los WikiLeaks colombianos

A pesar del crecimiento de la corrupción, se puede ser optimista de que Colombia no sucumbirá ante e

Mauricio Cabrera Galvis
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
diciembre 21 de 2010
2010-12-21 02:04 a.m.
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Uno de los personajes del año es el WikiLeaks colombiano. Pero no se trata de las filtraciones que hay en esta página de Internet sobre cables que muestran las opiniones de la embajada gringa acerca de funcionarios del Gobierno colombiano, pues estos no revelan mucha cosa nueva o que no se supiera, sino de un personaje nacional que aquí ha tenido el mismo papel de revelador de secretos y confidencias y que ha sacado a la luz graves escándalos de corrupción pública y privada.


Debo aclarar que no se trata de un personaje individual, sino colectivo: es el conjunto de personas y entidades que, sin ninguna clase de coordinación, organización o dirección, han coincidido en la labor de destapar ollas podridas, descubrir saqueos del patrimonio público, revelar abusos de poder y denunciar complicidades oficiales para mostrarnos que en los últimos años la corrupción en Colombia creció mucho más allá de sus “justas proporciones”.


Integrantes principales de este colectivo son, por supuesto, los periodistas y medios de comunicación que han acometido la tarea de investigar muchos de los casos de corrupción, y con responsabilidad ciudadana y mucha valentía –pues en algunos casos los riesgos personales son altos- los han divulgado ante la opinión pública.


Para fortuna del país son muchos los periodistas que han asumido esta tarea y es difícil hacer una lista completa de todos ellos, pero sin pretender ser taxativo, vale la pena mencionar algunos de los casos recientes más significativos. Para comenzar, el escándalo del AIS y el descarado regalo de recursos públicos a amigos y financiadores del expresidente y de uribito, que destapó la revista Cambio y que le costó el puesto a sus directores, María Elvira Samper y Rodrigo Pardo, ante la inesperada decisión de los españoles dueños del El Tiempo de cerrar la revista.


Otro caso emblemático es el de las chuzaDAS. Aquí las denuncias y publicaciones de medios como la revista Semana o las verticales opiniones editoriales de Juan Gossain, cuando el noticiero que dirigía era un medio imparcial, han sido el complemento de la paciente labor investigativa de la Fiscalía, que han permitido conocer el más criminal montaje hecho desde el Ejecutivo contra la justicia, los partidos de oposición y los mismos periodistas.


Entre los columnistas investigadores se destaca Daniel Coronell, quien ya el año pasado había conmocionado al país con su reportaje a Yidis Medina, que confirmó la corrupta compra de la reelección presidencial, y que este año continuó revelando documentos y pruebas sobre otros casos como la compraventa de notarías, los negociados de los hijos del expresidente Uribe, o las cuentas tramposas del fracasado referendo reeleccionista.


También hacen parte de este personaje colectivo políticos como Petro o el concejal De Roux, quienes tuvieron la valentía de acusar a miembros de su propio partido por las irregularidades de la contratación de obras en Bogotá con los hermanos Nule. De nuevo, el eco que hicieron a estas denuncias medios como el Espectador o la W fueron determinantes para que el país entero supiera de las millonarias comisiones que se mueven en los contratos públicos.


Este año el personaje colectivo que destapó casos de corrupción en Colombia tuvo un integrante inesperado: el Presidente y los Ministros, que se atrevieron a destapar algunas de las herencias podridas que recibieron del gobierno anterior, como la Dirección Nacional de Estupefacientes, el Incoder o los créditos de AIS. Como en el caso de Bogotá, es llamativo que haya sido el ministro conservador –el de Agricultura- quien haya tenido el coraje de enfrentar irregularidades en entidades que fueron manejadas por miembros de su mismo partido.


A pesar del crecimiento de la corrupción en los últimos años, se puede ser optimista de que Colombia no sucumbirá ante este flagelo mientras sigan existiendo periodistas, funcionarios públicos y entidades decididas a denunciarla y combatirla.
 

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