Pobreza y formación preescolar

Mauricio Ferro
Opinión
POR:
Mauricio Ferro
abril 27 de 2015
2015-04-27 12:51 a.m.

La pobreza, cualquiera que sea la definición que se adopte y los indicadores que se escojan para su medición, tiene que ver, en términos generales, con la capacidad de disfrutar y utilizar a cabalidad las oportunidades y beneficios que una sociedad contemporánea ofrece a sus miembros. Se refiere a lo que una persona o grupo de ellas es capaz de lograr, alcanzar y hacer en su vida y con su vida. Ser pobre no consiste tanto en las carencias que se padecen o en la inhabilidad para encontrar un empleo adecuadamente remunerado en la economía formal por falta de las competencias laborales requeridas para desempeñar un oficio u ocupar un cargo, sino a las enormes barreras estructurales que le impide a salir de su pobreza y escapar de la malnutrición, la enfermedad y la ignorancia.

Las personas y grupos familiares con necesidades básicas insatisfechas (NBI) se consideran pobres; pero, ¿cuáles son esas necesidades y cuál es su dimensión ‘objetiva’, independientemente de la perspectiva del observador que la mide o describe y de sus parámetros subjetivos. Obviamente, dependen del lugar, del momento histórico, de las oportunidades y de la infraestructura a disposición de los seres humanos en una sociedad dada, en una geografía específica y en un momento determinado. No es lo mismo hoy con las telecomunicaciones globales, internet, los celulares, y las facilidades para transportar personas y bienes, que hace cincuenta años. Tampoco es igual ser pobre en el norte temperado y desarrollado, que en el trópico, en un país en vías de desarrollo.

La pobreza no se restringe únicamente a ingresos familiares bajos, que impiden el acceso a un nivel elemental de consumo y a ciertos bienes y servicios básicos, considerados como imprescindibles para disfrutar de un bienestar mínimo, sino que abarca un conjunto de características personales y grupales que definen un estilo de vida lleno de carencias, propenso a enfermedades y a la desnutrición, así como a comportamientos y actitudes que contribuyen a la marginación ulterior de los afectados. Baja educación, inserción precaria y limitada al sistema productivo, escasa capacidad de cualquier tipo de consumo, son parte del conjunto de variables que constituyen el círculo de la pobreza y que sirven para medirla.

La meta a lograr es la de definir políticas públicas de Estado que, al ser implementadas de manera sistemática en el largo plazo por los organismos del Estado, en sus diferentes niveles –nacional, departamental/regional, local/municipal–, logren reducir el número de pobres y las condiciones de su pobreza, al ofrecerles a los niños en su primera infancia oportunidades mediante programas de nutrición y de desarrollo cerebral y psicomotor.

La educación superior es fundamental, pero no hay que olvidar que el cambio comienza por los pequeños en la primera infancia.

Mauricio Ferro

Ph. D. - Profesor visitante, F. de Administración, U. de los Andes

mauricio.ferro@gmail.com

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