Una cultura de la corrupción

Mauricio Molano
POR:
Mauricio Molano
julio 06 de 2011
2011-07-06 12:13 a.m.

 

La corrupción lesiona la dignidad, restringe la libertad y es sinónimo de injusticia, agravada por la impunidad. Permite e impone un poder artificial, material e inmoral, sustentado por, y productor de, dinero y privilegios; desvirtúa la iniciativa privada y la libre competencia.

El sacrificio de ciudadanos honestos que ofrecen bienes, servicios, información, conocimiento, fuerza de trabajo, etc., es enorme, pero su ‘mercado’ se ve reducido, conduciéndolos la quiebra y al desempleo.

Documentado en el antiguo Egipto –hace 31 siglos– el primer acto de corrupción, este flagelo ha contaminado la conducta humana no sólo en Colombia, sino en el mundo a lo largo de la historia. Ocupamos un honroso puesto en las escalas de la corrupción en el mundo; Transparencia por Colombia, Transparencia Internacional, Barómetro Global de Corrupción y World Economic Forum, presentan cifras aún subvaloradas por la no denuncia y la corrupción de la justicia misma, que reflejan el enorme costo social y laboral del fraude en términos de calidad de vida, desconfianza, costo de la justicia e impunidad.

Como uso indebido del poder público y privado, el fenómeno de la corrupción se combatiría aplicando las normas que son claras, ‘obedecidas, pero no cumplidas’, escritas para ángeles como calificó el escritor francés Víctor Hugo a nuestra Constitución de 1863.

Pero no bastarán el control ciudadano, la rendición de cuentas, la información oportuna y los procesos de desarrollo institucional local y regional; habrá que comenzar por la participación ciudadana, la educación para la democracia, la cultura política y la educación integral de niños y jóvenes, y por el buen ejemplo de los adultos en todos los campos.

Pero, ¿cuáles son los límites de la ética?, ¿cuántos colombianos han dado malos ejemplos a sus hijos botando basura en las calles, sobornando funcionarios en oficinas y vías públicas, ‘facilitando’ trámites que de otra manera serían interminables o imposibles?, ¿cuántos fueron condescendientes con el narcotráfico y se beneficiaron indirectamente de su influencia económica y política?

La corrupción, política y pública, es apenas una parte del problema; la corrupción privada es la contraparte.

La mayoría de quienes en las altas esferas se lucraron del narcotráfico y la corrupción son bien conocidos y saben o creen que sus ‘ollas podridas’ no se destaparán, que los plazos prescribieron.

Muchos ciudadanos cohonestaron por acción o por omisión los turbios procesos de las últimas décadas.

En 1832, el doctor José Félix Restrepo dijo: “si es necesario cometer una injusticia para que el Universo no se trastorne, deja que el Universo se trastorne”.

Esta expresión del “maestro venerando de nuestra legalidad”, según escribió Luis López de Mesa, contrasta con la inexplicable propuesta de un primer mandatario de “reducir la corrupción a sus justas proporciones”. Hace 2000 años dijo Juvenal: “este es el castigo más importante del culpable; nunca ser absuelto por el tribunal de su propia conciencia”.

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