Mauricio Reina
columnista

A grandes problemas…

La experiencia internacional muestra que cuando han terminado conflictos armados se ha dado un recrudecimiento de la inseguridad.

Mauricio Reina
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Mauricio Reina
febrero 01 de 2018
2018-02-01 09:10 p.m.
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La crisis de seguridad de Bogotá es la punta de un iceberg que amenaza a todo el país: la inseguridad ciudadana. Aunque es un problema que se veía venir, las propuestas para superarlo son de una superficialidad pasmosa.

Cualquier propuesta debe partir de la complejidad del problema y sus causas. La primera tiene que ver con el proceso de paz con las Farc. La experiencia internacional muestra que cuando han terminado conflictos armados se ha dado un recrudecimiento de la inseguridad. ¿A dónde van a parar miles de personas que lo único que han hecho en su vida ha sido empuñar un arma? Al éxodo de las zonas veredales, se suma la desaceleración económica que es caldo de cultivo para este flagelo: el desempleo entre los jóvenes es casi el doble que el total nacional.

Además, hay una crisis de valores en las nuevas generaciones, que tiene sus raíces en la descomposición de muchos hogares colombianos. Hace unos años Unicef estimó que la mitad de los niños que nacen en el país no son deseados por sus padres. ¿Qué nación se construye con tal proporción de malqueridos y maltratados? Que responda alguno de los candidatos dinosaurios que ataca los métodos anticonceptivos o el aborto.

Sigamos con el discutido tema de la policía. El caso de Bogotá es elocuente: tiene alrededor de 230 policías por cada 100.000 habitantes, 30 por ciento menos que Medellín y muy por debajo de otras grandes ciudades del mundo. Pero el problema no solo es de cantidad, sino de efectividad. Hay que celebrar que en cuestión de semanas hayan capturado a los responsables del atraco a una mujer embarazada en Rosales y desarticulado a una banda dedicada a robar relojes Rolex. ¿Pero, por qué solo se ve la efectividad en esos casos mediáticos y no en la mayoría de los delitos que agobian a la población?

Lo peor es que cuando la policía captura a los delincuentes, los jueces los sueltan. Un ejemplo es el caso reciente del muchacho de 17 años que asesinó a otro por robarle una bicicleta en Bogotá; dos años atrás el homicida había sido capturado por apuñalar a un hombre y un juez lo dejó libre. A esta laxitud se suma la entrada en vigor de la ley de excarcelaciones masivas, que deja en libertad a quienes lleven en prisión más de cierto tiempo sin que se les haya resuelto su situación jurídica. Las cifras muestran que alrededor de 10 por ciento de los que salen de prisión bajo esa ley, reinciden.

Eso nos lleva al último eslabón: la insuficiencia de cárceles. En Colombia hay unos 120.000 reclusos en unas cárceles con capacidad para 80.000. Esa sobrepolación no solo constituye una infamia con los presos, sino que explica por qué muchos jueces optan por devolver los delincuentes a las calles.

Posconflicto, desempleo, educación, pie de fuerza, cárceles, eficacia judicial… ¿Alguno de nuestros flamantes candidatos presidenciales tiene una propuesta coherente para encarar esta crisis anunciada?

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