Mauricio Reina

¿Remedio o enfermedad?

Mauricio Reina
Opinión
POR:
Mauricio Reina
mayo 12 de 2016
2016-05-12 10:55 p.m.
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Muchos colombianos piensan que lo que está pasando en Brasil es una tragedia ajena. Hacen mal, porque si el gigante estornuda a toda América Latina le puede dar gripa.

En nuestro caso, esa apreciación es muy relevante. La economía colombiana tiene un déficit externo de alrededor de 6 por ciento del PIB, el más alto de este siglo, y requiere capitales internacionales para financiarlo. Por eso, cualquier perturbación severa que altere los flujos financieros hacia la región terminaría elevando nuestra tasa de cambio, avivando las presiones inflacionarias y deteriorando las perspectivas del crecimiento.

Está claro que a Colombia le conviene que Brasil recupere el rumbo, lo que no es tan claro es si el juicio político a Dilma Rousseff es un paso en el sentido correcto. A primera vista, la respuesta es afirmativa. Cinco años de gobierno de Dilma han derivado en la peor recesión de las últimas décadas. Entre la caída del año pasado y la que se espera para este, al final de 2016 la economía brasilera se habría contraído casi 8 por ciento. Además, el déficit fiscal supera el 10 por ciento del PIB y la deuda pública ha alcanzado niveles tan preocupantes que las calificadoras de riesgo ya ubican los bonos públicos en la categoría ‘basura’.

Por eso no es raro que los mercados financieros hayan celebrado la noticia de la salida de Dilma de la presidencia. Si bien se trata de una separación temporal del cargo mientras avanza el juicio, los inversionistas confían en que el Senado termine sacándola del poder de manera definitiva en los próximos meses, dando así la estocada final a un modelo económico insostenible que subió como palma con Lula y cayó como coco con Dilma.

El entusiasmo de los mercados se basa en los planteamientos del vicepresidente Michel Temer, quien ha asumido la presidencia de manera temporal, pero podría terminar ejerciendo hasta el 2018, si Dilma es finalmente destituida. Sus postulados abogan por una reducción del tamaño del Estado, reformas al mercado laboral y al sistema tributario, y un severo recorte al oneroso sistema pensional. A pesar de que todavía son ideas generales, son consistentes con el ajuste fiscal que requiere Brasil para recuperar la estabilidad de la economía.

Sin embargo, una cosa es tener buenas ideas y otra cosa es ser capaz de ejecutarlas, y lo cierto es que Temer es una figura política muy débil. El presidente interino no solo incurrió en las mismas prácticas de maquillaje fiscal por las que está siendo juzgada Dilma, sino que además tiene encima una investigación de la autoridad electoral que indaga por legalidad de la elección que lo llevó a la vicepresidencia. Como si eso fuera poco, enfrenta un Congreso muy fragmentado, en el cual la mayoría de senadores son investigados por corrupción.

Ahora vendrá la euforia por el nuevo gabinete, pero la verdad es que, con tan magro capital político, la presidencia de Temer podría ser un paso más hacia la inestabilidad y no el remedio a problemas estructurales que no parecen tener salida en el corto plazo.

Mauricio Reina
Investigador Asociado de Fedesarrollo

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