Mauricio Reina
columnista

Chupando rueda

A pesar de lo que digan los titulares, lo más importante de todo no es el acuerdo logrado ayer ni la decepcionante reacción de los mercados.

Mauricio Reina
POR:
Mauricio Reina
mayo 26 de 2017
2017-05-26 02:04 p.m.
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Ayer por la mañana, los colombianos dedicaron buena parte de su atención a dos cosas. Unos seguíamos con atención las incidencias de una de las últimas etapas de montaña del Giro de Italia. Otros veíamos al mismo tiempo de reojo lo que pasaba en Viena, en una reunión convocada por los países miembros de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP).

Ambos eventos dejaron un balance más agrio que dulce. En Ortisei, adonde llegó ayer la etapa del Giro, quedó claro que Tom Dumoulin es un roble y que la probabilidad de que Nairo lo doblegue es cada vez menor. En Viena, mientras tanto, quedó claro que los países miembros de la OPEP y Rusia siguen siendo muy disciplinados para restringir su producción, pero a pesar de ello la probabilidad de que los precios del crudo superen los 55 dólares por barril en el corto plazo es cada vez menor.

La expectativa sobre la reunión de Viena era grande: ¿mantendrían los miembros de la OPEP y algunos países no miembros, como Ruisa, su acuerdo de recortar en 1,8 millones de barriles diarios su producción de crudo, para evitar una caída de los precios? No hay que olvidar que ese recoerte, acordado por primera vez a fines del año pasado durante seis meses, es lo que ha ayudado a mantener el precio alrededor de los 50 dólares por barril.

Aparentemente la reunión de ayer arrojó un resultado positivo: el acuerdo de mantener el recorte de la producción por nueve meses más, es decir hasta fines de marzo de 2018. Digo aparentemente, porque un recorte de 1,8 millones de barriles por día parece insuficiente para equilibrar un mercado con exceso de oferta y crecientes inventarios. De hecho, los principales actores del mercado esperaban que el recorte fuera aún mayor, y recibieron el resultado con desilusión: en el momento de escribir esta columna el precio del Brent caía 3,3 por ciento y el WTI 3,6 por ciento.

Esos resultados revelan dos problemas de la estrategia. El primero radica en que la OPEP es un cartel con una capacidad limitada en el mercado. Entre los países miembros y Rusia rondan el 50 por ciento de la producción mundial, lo que deja abierto un vasto espacio para que otros jugadores hagan de las suyas. El segundo problema es que uno de esos otros jugadores se ha dedicado a chupar rueda de los altos precios y ha aumentado sorprendentemente su capacidad productiva: hablo de Estados Unidos, que ha aumentado en diez por ciento su produccion de crudo desde que está rigiendo el acuerdo, hasta haber alcanzado la bonita suma de 9,3 millones de barriles producidos cada día.

A pesar de lo que digan los titulares, lo más importante de todo no es el acuerdo logrado ayer ni la decepcionante reacción de los mercados. Lo verdaeramente relevante es que Estados Unidos, como si estuviera consumiendo esteroides, no deja de sorprender con su inmensa capacidad para bajar costos y aumentar su producción, lo que está dejando atónitos a los demás jugadores del mercado, incluída Colombia.

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