Mauricio Reina

Con los días contados

Mauricio Reina
Opinión
POR:
Mauricio Reina
enero 16 de 2015
2015-01-16 03:24 a.m.
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Si no fuera cierta, la noticia sería graciosa: en Venezuela están aplicando un sistema similar al del ‘pico y placa’ a quien quiera comprar productos de primera necesidad.

Ahora los supermercados solo dejan entrar a los clientes en ciertos días de la semana, de acuerdo con los últimos dígitos del documento de identidad.

Esta es una manifestación más de los patéticos esfuerzos del Gobierno venezolano para enfrentar la ya habitual escasez de productos básicos, que ahora se ha acrecentado con la caída del precio del petróleo. Las colas en los supermercados son cada vez más largas, y en ellas los enfrentamientos entre la gente y las autoridades son cada vez más frecuentes.

La profundización de la crisis ha llevado a los expertos a plantear dos escenarios hasta hace poco impensables. Las agencias calificadoras de riesgo ya consideran la posibilidad de que Venezuela deje de pagar su deuda externa, mientras los analistas políticos ventilan un potencial golpe de estado.

Para la muestra un botón: esta semana se conoció un análisis de la firma de inteligencia corporativa Stratfor, que plantea que algunos sectores del chavismo ya estarían moviendo los hilos para sacar a Nicolás Maduro del poder.

Al margen de esos informes, hay una verdad que ya no parece tener reversa: Nicolás Maduro tiene los días contados como presidente y es probable que no llegue al final del 2015 en el Palacio de Miraflores. Incluso encuestas reveladas por la revista The Economist muestran que dos tercios de la población no piensan que Maduro termine su mandato.

La razón es simple: la crisis económica no aguanta un año más y su solución no se ve por ningún lado. Un esquema de expansión de la demanda populista, basado en un gasto público desbordado, con una oferta restringida por una persecución a la actividad privada y un infructuoso control de precios, sólo pueden dar como resultado escasez e inflación. Parte de esos problemas se habían paliado en el pasado con importaciones financiadas con los dólares del petróleo, pero ahora que la cotización del crudo se ha derrumbado ya no hay con qué hacer remiendos.

Si alguien quisiera enderezar la economía venezolana debería aplicar una terapia dolorosa: una liberación de precios que ratificaría una altísima inflación, una liberación de la tasa de cambio que derivaría en una gran devaluación, una reducción del gasto público que erosionaría la influencia política sobre la población y una reconciliación con el sector privado que enardecería a los sectores radicales del chavismo.

Lamentablemente, no hay nadie en el Gobierno ni en la oposición que combine la voluntad y la capacidad de hacerlo. Por eso la pregunta relevante no es si Maduro acabará su mandato, sino quién lo desplazará del poder y cuánto durará en él.

Sin el respaldo del petróleo, con mucha gente armada en las calles y con tanto corrupto fungiendo de político, no sería raro que estuviéramos ad portas de una sucesión de gobiernos efímeros en un entorno marcado por el caos.

Mauricio Reina
Investigador Asociado de Fedesarrollo
 

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