Mauricio Reina

Ganamos y perdieron

Mauricio Reina
POR:
Mauricio Reina
agosto 10 de 2012
2012-08-10 01:29 a.m.
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Hacía tiempo no me indignaba tanto una frase, como me enfadó esta: “estoy feliz con la medalla que nos ganamos”. La dijo una amiga después de que el pesista Óscar Figueroa alcanzó la presea de plata en los Olímpicos de Londres.

Lo que me molestó fue ese uso abusivo de la primera persona del plural: “nos ganamos”.

Y es que la excelente cosecha de los atletas colombianos en Londres ha confirmado uno de los rasgos más detestables de nuestra idiosincrasia: el convertir en propios los logros ajenos.

Hay que oír a los locutores desgañitándose con triunfos como los de Figueroa o Ibargüen. A grito herido celebran las hazañas de “nuestro Óscar” y “nuestra Catherine”, adosándoles el pronombre posesivo que los hace partícipes de la hazaña y llamándolos por el primer nombre como si los conocieran de toda la vida, cuando minutos antes apenas lograban identificarlos por el número.

Ya quisiera oír a los locutores o a millones de colombianos llamando por el primer nombre a los más de cien atletas nacionales que fueron a Londres y no ganaron nada.

Pero, en esos casos, aparecen frases como “Arango no pudo” o “Arévalo se quedó”. También querría verlos haciendo suya la suerte de los que tuvieron peor destino. ¿Acaso alguien ha dicho “dimos positivo en el antidoping o “nos descalificaron en marcha”? No: la primera persona del plural solo sirve para colincharse de la gloria ajena.

Incluso, algunos quedan inconformes con los logros de los más capaces. ¿Qué tal los que afirmaron que la medalla de plata de Rigoberto Urán era una derrota, porque no había podido ganarle a Alexander Vinokourov?

¿O los que dijeron que Catherine Ibargüen tendría que haber ganado el oro? Increíble que hablen de derrota para referirse a quienes ocupan el segundo lugar en sus disciplinas en todo el mundo.

Para justificar tanto triunfalismo, alguno dirá que en este caso es natural porque a todos nos cobija la misma bandera y nos identifica el mismo himno.

Pero si hay un rasgo de nuestra idiosincrasia que sea peor que el triunfalismo, es el patrioterismo. Para que un país pueda invocar con la frente en alto la bandera y el himno debe tener un mínimo de solidaridad e identidad entre sus ciudadanos, lo que todavía no sucede en Colombia.

Cuando muchos se apoderan de las glorias de los deportistas colombianos, que en su mayoría vienen de hogares pobres, no recuerdan que aquí seguimos teniendo una de las peores distribuciones del ingreso del mundo.

Y cuando celebran los triunfos de los atletas nacionales de raza negra, tampoco recuerdan la vergonzosa discriminación racial que sigue imperando en el país.

Los triunfos de los deportistas colombianos merecen admiración y respeto. Y mientras Colombia siga fracturada por profundas brechas económicas y sociales, la mayor muestra de respeto debe consistir en usar con moderación la primera persona del plural.

Mauricio Reina

Investigador Asociado de Fedesarrollo

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