Mauricio Reina

¿Del glifosato al vacío?

Mauricio Reina
Opinión
POR:
Mauricio Reina
mayo 22 de 2015
2015-05-22 05:09 a.m.
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Falta un poco más de cuatro meses para que llegue el primero de octubre. Ese es el plazo que tiene el Gobierno para definir e implementar una nueva estrategia antidrogas, después de que el Consejo de Estupefacientes decidiera suspender el uso del glifosato y el presidente Santos anunciara un periodo de transición hasta esa fecha. ¿Estamos ad portas de una nueva política antidrogas o de un salto al vacío?

La iniciativa del Gobierno de suspender el uso del glifosato va por el camino correcto. Además de que los estudios de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer sugieren que el herbicida es cancerígeno, la experiencia en Colombia indica que ha tenido efectos como pérdidas de embarazos y lesiones en la piel. Como si eso fuera poco, el químico contamina las aguas que son usadas posteriormente para cultivos legales. En este contexto, el Gobierno no tenía muchas alternativas después de que la Corte Constitucional determinara que se debería suspender el uso del herbicida si se llegaran a encontrar indicios de daño a la salud o al ambiente.

Los efectos negativos del glifosato nos recuerdan una dolorosa realidad: la actual estrategia antidrogas implica que los países productores, como Colombia, asuman los costos más altos en términos de seguridad, salud y medio ambiente, mientras los consumidores, como Estados Unidos, avanzan paulatinamente hacia la despenalización del consumo. Es obvio que el país requiere urgentemente un cambio de paradigma que represente un replanteamiento de la lucha contra las drogas. Sin embargo, la prisa por adoptar una medida aislada, como la suspensión del uso del glifosato, puede dejarnos en el peor de los mundos, con un aumento de los cultivos ilegales y mayores ganancias para los carteles del narcotráfico (entre ellos las Farc).

En la medida en que la cadena de las drogas abarca varios eslabones (cultivo, procesamiento, transporte, distribución y consumo), un cambio en la estrategia antinarcóticos debe tener un alcance integral. El Gobierno debería aprovechar la coyuntura de los diálogos de La Habana y su decisión de suspender las fumigaciones con glifosato para buscar un nuevo esquema de cooperación con Estados Unidos, que conduzca a un nuevo enfoque general de la lucha contra las drogas.

Un nuevo paradigma debería hacer mayor énfasis en la interdicción, concentrando los esfuerzos de las autoridades en atacar el procesamiento y el transporte, eslabones donde se generan mayores ganancias que en la producción. Una nueva estrategia también debería abarcar un plan eficaz de sustitución de cultivos ilegales, que represente una salida para las cerca de 70.000 familias que se dedican a esa labor, acompañado, por supuesto, por una desmovilización efectiva de las Farc, uno de los actores ilegales más conspicuos vinculados al negocio.

Si el Gobierno se apresura a hacer efectiva la suspensión del uso del glifosato sin tener una nueva estrategia antidrogas integral como alternativa, lo que a primera vista parece una decisión correcta, terminaría siendo una simple concesión ante las aspiraciones de las Farc. Y sólo quedan cuatro meses para lograrlo.

Mauricio Reina

Investigador Asociado de Fedesarrollo

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