Mauricio Reina

Lecciones de antiliderazgo

Mauricio Reina
Opinión
POR:
Mauricio Reina
marzo 13 de 2015
2015-03-13 02:30 a.m.
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Cuando José Mourinho termine su carrera como técnico, probablemente se dedique a dar conferencias de liderazgo. Si eso sucede y decide pasar por Colombia, ahórrense esa plata.

Yo no gastaría ni un peso para oír a Mourinho hablando sobre liderazgo ni sobre nada que tenga que ver con calidades humanas. El verdadero talante de la gente se conoce en la adversidad, y, en los últimos días, el técnico portugués le ha confirmado al mundo lo que ya intuíamos: que es pobre de espíritu, escaso de autocrítica y proclive a echarles la culpa a los demás.

Tras haber abandonado al Real Madrid en medio de cajas destempladas, Mourinho llegó al Chelsea argumentando que allí sí podría armar el equipo a su antojo y que iba a tener todo para ganar. ¿El resultado? Después de haber clasificado once veces a las semifinales de la Copa de Campeones, el miércoles pasado su equipo quedó eliminado en octavos de final, al empatar como local frente al Paris Saint Germain (PSG).

Mejor epopeya que la que se vivió en Stamford Bridge no se encuentra ni en la ficción. En el primer tiempo Ibrahimovich es injustamente expulsado, lo que les deja la clasificación servida a los locales. Cuando todo el mundo creía que la suerte estaba echada, con un tacaño 1-0, que era demasiado premio para la mezquindad del Chelsea, David Luiz se vengó del equipo que prescindió de sus servicios con un cabezazo que representó el empate. En el alargue, Thiago Silva le regaló de nuevo la clasificación a los azules con una ingenua mano en el área, pero minutos después él mismo conquistó el 2-2 y la clasificación para el PSG.

El Chelsea no solo tuvo todo para ganar, sino que Mourinho tuvo a favor algo que siempre dice tener en contra: la expulsión de un jugador. ¿Y cuál fue su reacción? Lanzar una teoría alucinante: que jugar con diez hombres es mejor que jugar con once. En la rueda de prensa dijo que el PSG no tenía nada que perder tras la expulsión y que toda la presión quedó sobre el Chelsea, un exótico argumento que nunca ha usado cuando el expulsado es un jugador de su equipo y opta por culpar a los árbitros. Lo peor de todo es que, después de emitir semejante teoría, se fue lanza en ristre contra sus jugadores, diciendo que no fueron capaces de sostener el resultado. ¿Alguna referencia a su incapacidad de atacar, teniendo en cuenta que jugaba de local y tenía un hombre más? Ninguna. ¿Alguna autocrítica? Tampoco. La culpa siempre es de los demás.

A propósito: cuando Cristiano Ronaldo se retire del fútbol y se dedique a dar conferencias de liderazgo, tampoco vayan a verlo. Como ha quedado claro en las últimas semanas, su respuesta ante la adversidad se limita a manotear, protestar las decisiones del árbitro y echarles la culpa a sus compañeros. Parece que estamos ante un problema portugués…

Mauricio Reina

Investigador de Fedesarrollo
 

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