Mauricio Reina

Una ley triunfa en Cannes

Los principales responsables de este triunfo son los directores César Acevedo y Ciro Guerra, y sus admirables equipos de trabajo. Pero eso no desvirtúa un hecho innegable: detrás de ellos hay un sólido aparato legal sin el cual probablemente nada de esto habría pasado.

Mauricio Reina
Opinión
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Mauricio Reina
junio 05 de 2015
2015-06-05 03:23 a.m.
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Esta es la historia de una satisfacción y una decepción. La satisfacción llegó cuando se conocieron los premios que lograron dos películas colombianas en el reciente Festival de Cannes: La tierra y la sombra se llevó la Cámara de Oro y tres galardones en la Semana de la Crítica, mientras El abrazo de la serpiente ganó en la Quincena de Realizadores.

La decepción surgió ante la insólita reacción de algunas personas que conozco, cuando dije que la Ley 814 de 2003, mejor conocida como Ley del Cine, es responsable, en buena medida, del triunfo en Cannes. Según los críticos, una norma de hace más de diez años no tiene nada que ver con unos premios conseguidos en el presente por dos directores esforzados.

Es indudable que los principales responsables de este triunfo son los directores César Acevedo y Ciro Guerra, y sus admirables equipos de trabajo. Pero eso no desvirtúa un hecho innegable: detrás de ellos hay un sólido aparato legal sin el cual probablemente nada de esto habría pasado.

La Ley del Cine ha permitido el florecimiento de la producción de cine colombiano. Mientras antes de la ley se estrenaban alrededor de 3 películas colombianas al año, ahora ese promedio supera la veintena. Esto ha permitido el surgimiento y la consolidación de una nueva generación de talentosos cineastas como Guerra, Acevedo, Franco Lolli (Gente de bien) o William Vega (La sirga), algo milagroso en un país donde muchos fruncen la nariz cuando se habla de cine colombiano.

La razón de ser de la Ley consistió en tratar de superar una falla de mercado que limita el desarrollo del cine nacional. Los estudios de Hollywood están verticalmente integrados con las distribuidoras internacionales, lo que multiplica sus mercados y les permite producir anualmente cientos de películas de grandes presupuestos, explotando economías de escala y diversificando el riesgo. Mientras tanto, una película colombiana por lo general se lanza en un solo mercado, lo que eleva la concentración del riesgo y la probabilidad de que queden muchos quebrados en el camino si la taquilla no funciona.

La Ley ha contribuido a moderar esa asimetría con dos instrumentos. El primero es un fondo que se nutre de una fracción de los ingresos anuales de productores, distribuidores y exhibidores en Colombia, y que financia proyectos cinematográficos nacionales. El segundo consiste en el otorgamiento de incentivos tributarios a quienes hagan inversiones y donaciones en producciones nacionales, de modo que el Estado devuelve alrededor de 40 de cada 100 pesos invertidos o donados.

Hoy, Colombia tiene una cinematografía variopinta, desde las populares comedias de fin de año, tan adoradas por el público como despreciadas por la crítica, hasta cintas de gran calidad que triunfan en Cannes. Por supuesto que subsisten problemas, como la dificultad de las cintas nacionales para permanecer más de un fin de semana en exhibición, donde también enfrentan una competencia asimétrica. Pero, por ahora, el resultado no está nada mal, tratándose de una cosecha de un poco más de diez años.

Mauricio Reina

Investigador Asociado de Fedesarrollo

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