Mauricio Reina

Mariposas amarillas y libros sin leer

Mauricio Reina
POR:
Mauricio Reina
abril 25 de 2014
2014-04-25 01:21 a.m.
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Bastó con que algún periodista lanzara una frase audaz, para que se alborotara el avispero nacionalista: “García Márquez, un mexicano nacido en Colombia”.

¡Quién dijo miedo! Entre aspavientos de indignación y justificaciones simplistas, todos descartaron airadamente cualquier posibilidad de poner en duda la esencia colombiana del fallecido premio Nobel.

Pero, para ser francos, aquí hay tela para cortar. Uno podría decir, por ejemplo, que García Márquez no solo parió en México su obra maestra, Cien años de soledad, sino que además ese país le brindó todas las facilidades para crecer como escritor, como lo recordó sin ambages el presidente Enrique Peña Nieto en sus palabras de homenaje el lunes pasado.

Además, uno podría recordar la manera como Gabo tuvo que salir a las volandas de Colombia en la época del infame Estatuto de Seguridad, porque empezaron a circular rumores que lo vinculaban con actividades subversivas que pusieron en riesgo su vida.

Y si todavía faltaran argumentos, uno podría redondear con la prueba reina: el Nobel eligió a México y no a Colombia como lugar para vivir, para morir y hasta para celebrar sus honras fúnebres.

Uno podría decir todo eso y mucho más, pero no vale la pena.

El ejercicio de medir qué tan colombiano era García Márquez es tonto y estéril, porque sus resultados hablarían más de nuestra propia necesidad de reconocimiento que de las convicciones de quien decidió devorarse el mundo.

Pero aunque esa discusión sea inútil, hay otra que no lo es. Tiene que ver con la convicción que tenemos los colombianos de que este es el país que más se merece los ecos de la gloria de García Márquez.

Basta con ver la manera como cualquier aparecido saca pecho, mientras recuerda el instante fugaz en que el escritor lo miró desde la distancia, o con escuchar a los miles que dicen que se sienten orgullosos de él y de sus logros, olvidando que uno solo puede sentirse orgulloso de aquello de lo que ha sido responsable.

Y es que en el terreno de los méritos y las responsabilidades, lo mejor que podemos hacer los colombianos es quedarnos callados.

Para aspirar a merecer al menos a un pedacito de la gloria de un hombre que dio tanto a los libros y la literatura universales, tendríamos que haber hecho algo que valiera la pena por ellas dentro de nuestras fronteras.

Aquí están nuestros méritos: un colombiano lee en promedio 1,9 libros al año, mientras que esa cifra es 2,9 en México, 4 en Brasil, 4,6 en Argentina y 5,4 en Chile.

Eso en lo cuantitativo, porque en lo cualitativo nos va aún peor: según los resultados de las famosas pruebas Pisa, la mitad de los muchachos colombianos de 15 años de edad no entienden lo que leen.

El país del premio Nobel de Literatura no lee, y lo poco que lee no lo entiende... No cabe duda: el legado de García Márquez es demasiado grande para la precariedad de estas fronteras.

Mauricio Reina

Investigados Asociado de Fedesarrollo

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