Mauricio Reina

¿Y el modelo pedagógico?

Mauricio Reina
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Mauricio Reina
febrero 14 de 2014
2014-02-14 12:45 a.m.
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“Colombia debe ser la nación más educada de América Latina en 2025”, dijo el presidente Santos hace dos días al recibir el estudio de la Fundación Compartir sobre la calidad de la docencia en el país. Es tan importante esa frase, que habría sido bueno que hubiera guiado la política educativa de este Gobierno desde sus inicios. Pero como el pasado es pasado, miremos hacia el futuro.

La educación es el recurso más valioso que pueden tener un individuo y un país para progresar. Esos principios son especialmente relevantes para la economía colombiana, teniendo en cuenta que los motores de nuestro crecimiento se están agotando y que la educación es nuestra única tabla de salvación.

Todos estamos tranquilos porque el país ha crecido a una tasa promedio superior a 4 por ciento en los últimos diez años, pero nos negamos a aceptar que las fuentes de ese dinamismo se están marchitando: la bonanza minera está muriendo por la caída de los precios internacionales, la abundancia de capitales extranjeros ya se empezó a revertir y nuestras reservas petroleras solo alcanzan hasta el año 2021.

La evidencia internacional muestra que la única manera de lograr un crecimiento sostenible en esas condiciones es contar con una mano de obra bien calificada, productiva e innovadora. Y las noticias para Colombia en ese frente son malas. Mucho se ha discutido sobre los pésimos resultados del país en las pruebas Pisa de educación y los cuellos de botella que plantean (es inaudito que la mitad de los muchachos colombianos de 15 años no entiendan lo que leen). Agreguen ustedes que nuestra mano de obra ya es cara en términos internacionales, y el plato del estancamiento está servido.

En estos días se han ventilado varias propuestas valiosas para elevar la calidad de la educación, que van desde la mejora de los docentes (fortaleciendo su formación, su remuneración y su evaluación), pasando por la ampliación de la jornada escolar, hasta la profundización de los programas dirigidos a la primera infancia.

Pero en este debate hay un factor clave que ha brillado por su ausencia: la necesidad de revolucionar la manera de enseñar en nuestros colegios. El análisis de los casos más exitosos del mundo muestra que los rasgos clave de un buen proceso pedagógico están prácticamente ausentes de nuestro entorno educativo: el desarrollo de la curiosidad, la pasión y la confianza en el niño, y la enseñanza de conceptos (no de datos) en contexto, con énfasis en la experiencia, el trabajo en grupo y los recursos multimedia.

Es ridículo pretender que Colombia pueda avanzar con pie firme en el siglo XXI, si seguimos formando a nuestros muchachos con un método educativo del siglo XIX: el del profesor que copia el contenido de un libro en un tablero, para que los estudiantes lo repitan en sus exámenes. Mientras el país no transforme su modelo pedagógico, todos los demás esfuerzos terminarán sumando en la columna de los costos, pero no en la de los beneficios.

Mauricio Reina

Investigador de Fedesarrollo

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