Mauricio Reina

La nueva revolución cubana

Mauricio Reina
Opinión
POR:
Mauricio Reina
agosto 21 de 2015
2015-08-21 04:18 a.m.
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Al fin hubo intercambio de banderas: la de Cuba ya ondea en Washington y la de Estados Unidos hace lo propio en La Habana. Pero lo que muchos han calificado como un hito histórico –la apertura de las embajadas de ambos países en las capitales de sus contra- partes– es apenas el comienzo de un largo proceso marcado por las dificultades.

El Canciller de Cuba fue el primero en fijar su posición: para que se pueda hablar de normalización de las relaciones se requiere que Estados Unidos levante el embargo, devuelva Guantánamo, y deje de hacer alusiones a los derechos humanos y la democracia en la isla. Y eso fue justamente lo que destacó el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, al hablar de las expectativas estadounidenses: la necesidad de que Cuba avance en el respeto por los derechos humanos y la apertura política.

Y mientras los gobiernos muestran sus cartas, muchos nos preguntamos: ¿hasta dónde llegará la liberalización económica en Cuba? Hace cuatro años las ilusiones se encendieron con las primeras reformas adelantadas por Raúl Castro, que permitieron que más cubanos tuvieran sus propios negocios y pudieran transar propiedades.

Pero tras ese inicio auspicioso, el panorama ahora no es del todo claro. Como lo revela un estupendo artículo reciente de la revista The New Yorker, la transición hacia una economía de mercado aún es incipiente y está llena de dilemas. Se estima que el Estado cubano todavía controla tres cuartas partes de la economía y el entorno para nuevos negocios sigue siendo confuso. Buena parte del problema tiene que ver con que las reformas recientes son más liberales que los funcionarios encargados de ponerlas en práctica, en gran medida por el temor que tienen a ser castigados por sus superiores.

Es un hecho que los nuevos negocios están floreciendo lentamente, en muchos casos financiados por dólares provenientes de Miami. De acuerdo con la revista The Economist, tan solo en los primeros siete meses de este año el número de cubanos-americanos que llegaron a la isla superó los 160.000. Pero en medio de ese dinamismo han empezado a aparecer los contrastes y las contradicciones. Ya no es raro ver en La Habana carros de lujo al lado de los legendarios modelos de los años cincuenta, como tampoco es extraño encontrar gente con mucho dinero y haciendo alarde de él. La opulencia material, hasta hace poco restringida a ciertos artistas y a estrellas del deporte, ahora también abarca a la más capitalista de las clases: la de los emprendedores.

El próximo Congreso del Partido Comunista, a celebrarse en abril del 2016, tiene el reto de definir si profundiza las reformas económicas o si, por el contrario, las detiene. Pero más allá de lo que decidan los planificadores y sus planes, ya se puso en marcha un motor que es muy difícil de atajar: el que se mueve con el combustible de las diferencias materiales que están surgiendo entre los cubanos y las crecientes expectativas de un futuro mejor.

Mauricio Reina
Investigador Asociado de Fedesarrollo
 

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