Mauricio Reina

¿Y dónde quedan los usuarios?

Mauricio Reina
Opinión
POR:
Mauricio Reina
noviembre 28 de 2014
2014-11-28 03:12 a.m.
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La discusión sobre el servicio de transporte Uber ha tenido un nuevo round en Colombia. Al comienzo de esta semana, el Ministerio de Transporte advirtió que no es legal el uso de aplicaciones de teléfonos móviles como las que utiliza esta empresa.

Esta posición se suma a otra del mismo Ministerio, que hace unos meses afirmó que los vehículos dedicados a servicios especiales no pueden prestar el servicio público sin cumplir ciertos requisitos. Aunque en esa ocasión las autoridades pusieron en marcha la discusión de cuáles deben ser las reglas de este nuevo servicio, ese debate podría haber quedado herido de muerte con la posición adoptada esta semana, en la medida en que ahora han quedado relegados a la ilegalidad los dos pilares del negocio: los vehículos y la aplicación.

A lo largo de esta discusión se han ventilado las posiciones de los taxistas y los defensores de Uber. Los primeros aseguran que estos servicios constituyen una competencia desleal, en la medida en que les quitan clientela sin cumplir condiciones que sí los afectan a ellos, como el pago de pólizas y la restricción de tarifas. Los defensores de Uber responden argumentando que esa competencia no es clara, porque el servicio está llenando un nicho de mercado que los taxis tradicionales no logran atender.

Como en este debate casi no se ha oído la voz de los usuarios, me voy a poner el sombrero de pasajero frecuente. Ante todo, debo decir que no me gusta la manera de proceder de Uber en Colombia y en el mundo. La empresa se comporta de una manera tan arrogante frente a las autoridades, que incluso algunos piensan que la reciente posición del Ministerio es una reacción al desafiante lanzamiento del servicio Uber-X (en el que vehículos particulares se ofrecen a prestar el servicio de transporte a terceros) cuando todavía no se han aclarado las reglas del juego del negocio.

Como si eso fuera poco, hace dos semanas el vicepresidente internacional de la empresa, Emil Michael, dijo que deberían destinar un millón de dólares para investigar y atacar a periodistas que no estén de acuerdo con sus prácticas.

Pero aunque Uber sea impopular, estoy de acuerdo con quienes dicen que existe una significativa demanda que no está siendo atendida por los taxis tradicionales. El mercado insatisfecho no se limita a la disponibilidad de vehículos, sino que además abarca unas condiciones mínimas de seguridad, comodidad y aseo, áreas en las que los taxis convencionales son un peligro, una vergüenza y un asco, respectivamente.

Veremos si en esta ocasión el Ministerio de Transporte es capaz de reglamentar teniendo en cuenta los intereses de los usuarios.

Poco importa que el servicio lo preste Uber o una nueva cooperativa conformada por transportadores tradicionales, pero debe existir un transporte premium reglamentado y supervisado, con buenas condiciones de disponibilidad, comodidad y seguridad. Quien no quiera pagar por ese servicio, que siga esperando infructuosamente bajo el aguacero a que aparezca un ‘zapatico’ que amenaza con desintegrarse en la primera curva.

Mauricio Reina

Investigador Asociado de Fedesarrollo


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