Teoría y práctica de los paros | Opinión | Portafolio
Mauricio Reina

Teoría y práctica de los paros

Mauricio Reina
POR:
Mauricio Reina
julio 19 de 2013
2013-07-19 01:34 a.m.
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Cada cierto tiempo, aparece algún defensor de los paros que afirma que son recursos legítimos de gente necesitada que no encuentra respuesta en el Gobierno. Es evidente que hay infinidad de necesidades insatisfechas en Colombia, a pesar de que en los últimos diez años los pobres se redujeron de 50 por ciento a 33 por ciento de la población, la clase media creció en casi 5 millones de personas, y el país logró salir de la infame lista de las veinte economías más desiguales del mundo. Pero también está claro que los paros son una pésima manera de resolver los problemas.

Más allá de la teoría, los paros tienen altos costos para el crecimiento económico y su sostenibilidad, lo que termina perjudicando a todos, incluso a aquellos que creen que hicieron un negocio redondo con sus bloqueos. Para los que entornan los ojos cuando evocan la Primavera Árabe y recomiendan untarse de pueblo para entender este problema, conviene subrayar un par de cosas.

La primera es que los paros no generan buenas políticas públicas, sino todo lo contrario. Un Gobierno que responde a las acciones de fuerza no asigna los recursos a los sectores más promisorios ni a los grupos más necesitados, sino a quienes tienen mayor capacidad de perturbar el orden público, desafiar la autoridad y atropellar los derechos de los demás. Esa asignación arbitraria del presupuesto aleja al país de la senda del bienestar colectivo y termina premiando a quien hace mayor alarde de fuerza e intimidación.

Si a alguien le parece que la asignación arbitraria de recursos públicos y su costo para el bienestar común son despreciables, vale la pena recordar los cálculos de Anif sobre el costo de los paros que tuvieron lugar en el país a fines del 2012 y comienzos de este año: más de 900.000 millones de pesos, equivalentes a 0,8 por ciento del PIB del primer trimestre.

Pero el mayor costo de estos episodios no es el de los recursos públicos entregados a los que dan manotazos sobre la mesa. Con la aplicación de malas políticas inducidas por el chantaje, la economía colombiana se alejaría del grupo de las economías más serias de la región (en el que está actualmente junto a la peruana y chilena) y empezaría a acercarse a aquellas en las que reinan las decisiones arbitrarias y la zozobra, como la venezolana y argentina. Basta revisar las cifras, para confirmar que el segundo grupo crece menos que el primero en el mediano plazo.

En la medida en que los paros generan malas políticas y minan el dinamismo económico, con ellos no gana el país ni los sectores que creen que han hecho un gran negocio intimidando a los demás, y que a la vuelta de unos años estarán peor por cuenta del menor crecimiento. Los únicos que ganan son los que han convertido el abuso en una forma de vida, perpetuando así esta incesante rapiña que llamamos país.

Mauricio Reina

Investigador Asociado de Fedesarrollo

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