Miguel Gómez Martínez

La encrucijada del Banco de la República

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
mayo 24 de 2016
2016-05-24 07:13 p.m.
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La decisión del Banco de la República de intervenir en el mercado cambiario es una importante señal de alerta. El viernes pasado vendió opciones de compra por 500 millones de dólares. La respuesta del mercado no podía haber sido más desapacible: la tasa representativa del mercado retrocedió 8 pesos. ‘Ni cosquillas’, como se dice en el lenguaje coloquial. No entraremos en la discusión infinita sobre la eficacia de las intervenciones de los bancos centrales para corregir la paridad. En general, son infructuosas, pues las dinámicas de los mercados son superiores a la voluntad de quienes, desde la junta, ven consumir las reservas de forma infructuosa.

Hay tensiones que explican la debilidad del peso. Sin duda, la expectativa de un aumento de la tasa de interés en Estados Unidos pesa porque, luego de meses de espera, muchos se preparan para redirigir sus flujos de liquidez hacia ese mercado. Pero así lo niegue el gobierno, en Colombia hay mucha gente preocupada por lo que se avecina. La reforma tributaria pinta cada día peor. Tampoco ayuda el nerviosismo por la persecución tributaria desatada por los Papeles de Panamá. Pero lo que tiene a muchos con ansiedad es el conocimiento, cada vez más claro, de lo que el gobierno ha cedido en Cuba. Por fin, empresarios y gremios empiezan a entender que la paz que tanto apoyaron se parece más a una capitulación y que los años que vienen serán muy complicados.

Desde el punto de vista macroeconómico, el Emisor está en una posición muy incómoda. Subestimó el impacto de la devaluación en la inflación. Se demoró en actuar. Para frenar el aumento de los precios ha tenido que subir las tasas de interés enfriando algunos sectores que dependen del crédito. La devaluación debería estimular la economía doméstica, pero la agricultura no reacciona porque estamos importando 10 millones de toneladas de productos agrícolas, como nunca antes en nuestra historia. Tampoco repuntan las exportaciones, abandonadas durante años, que siguen cayendo sin que el gobierno se pellizque. La industria, sin el efecto Reficar, sigue frágil.

Un peso débil con una fuerte dependencia de las importaciones se traduce en una inflación importada mucho más rígida de lo esperado. Tenemos que comprar en el exterior, y con un dólar fuerte los aumentos de precios internos no cesan. Si a ello se le suma el desbarajuste fiscal, el Emisor está en una encrucijada: o aumenta las tasas de interés, enfría la economía y recupera el control de los precios, o frena la devaluación para que contribuya con menos alzas de precios importados y no tenga apretar tanto el cinturón monetario.

El problema es que ¿quién, sensato, toma decisiones empresariales sin saber lo que sucederá con los impuestos? ¿Quién confía en el futuro sin saber lo que se negoció en La Habana? ¿Quién invierte con tantos elementos de incertidumbre? La prudencia no solo se impone, sino resulta prudente.

Que el peso se debilite es natural, dada las características del entorno económico. Las buenas intenciones del Banco de República no cambian gran cosa.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com

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