Miguel Gómez Martínez

La austeridad

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
marzo 05 de 2015
2015-03-05 05:22 a.m.
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“La austeridad siempre está de moda” es una de las máximas de la buena gerencia. Aun en los momentos de expansión es necesario que el control de costos y gastos sea siempre una prioridad.

De lo contrario los egresos siempre alcanzan a los ingresos y se comen los márgenes de rentabilidad.

En el sector público se afirma que se vive en permanente austeridad. La realidad es más compleja, pues coexisten una grave carencia de recursos para temas fundamentales y descomunales desperdicios presupuestales en todo tipo de actividades innecesarias. Hace falta personal en la áreas misionales y sobra en las áreas administrativas. No hay software actualizado y sobran publicaciones institucionales. Escasean las buenas estadísticas pero abundan los documentos de política. Todo ello, en un marco donde la carrera administrativa se convirtió en un muralla que impide la evaluación por resultados y cristaliza la burocracia.

En estos tiempos de apretón fiscal, sería indispensable que el Gobierno “recortara grasa y no músculo”, como lo sugiere el experto David Chinn. Pero esta prioridad es muy ajena al espíritu de la administración. Desde el inicio de su primer periodo, la incómoda austeridad paisa quedó en el pasado. Desde el arreglo de la casa privada, la compra de aviones, los frecuentes viajes internacionales con nutridas comitivas y las generosas atenciones a periodistas y simpatizantes, el Gobierno ha demostrado que el presupuesto es para gastarlo. Pero ese estilo de gastos, que tienen un valor simbólico porque fijan la pauta para el resto de la administración, no son los más importantes. Lo que es grave es el despilfarro en los de miles de contratos firmados con abogados, expertos en comunicación, “asesores” en todos los temas que rondan la Casa de Nariño. Todo ello acompañado de cientos de miles de millones de pesos (no es exageración) en contratos de publicidad para comunicar los éxitos del Gobierno. Nunca en la historia de la República (expresión que le gusta al Gobierno) ha existido tal largueza en uso del presupuesto para fines que no son estratégicos. Basta mirar la nómina y la denominación de los nuevos altos cargos del Estado (por ejemplo nada más que Ministro Consejero para el Posconflicto, Derechos Humanos y Seguridad) para constatar la ligereza con la que se crea costosa burocracia, se duplican los niveles de decisión (por ejemplo con un Ministro de la Presidencia) o se dejan sin funciones a los titulares de las carteras (por ejemplo con la pomposa denominación de Ministra Consejera de Gobierno y Sector Privado).

Pero, si lo anterior no fuese suficiente señal de la ausencia de austeridad, está el capítulo de la mermelada. Nunca antes la gobernabilidad había requerido tanta disponibilidad presupuestal. Los políticos, que siempre han exigido partidas, se están dando un verdadero banquete. Nada se mueve en el Congreso sin que Hacienda acceda a las cada vez más elevadas exigencias de los parlamentarios acompañadas de descarados niveles de corrupción. Por ello, los 6 billones de pesos que el Gobierno ha anunciado como recorte para el 2015, (80 por ciento en inversión), no cambiarán gran cosa.

Convendría recordarle al Gobierno la sabia frase según la cual “el ejemplo no es un forma de educación; es la única forma de educación”.

Miguel Gómez Martínez
Profesor del CESA
migomahu@hotmail.com
 

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