Miguel Gómez Martínez

Campanazos

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
mayo 15 de 2013
2013-05-15 03:45 a.m.
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Dos hechos han sonado como campanazos en el oído para quienes seguimos la actualidad económica. El primero de ellos fue la caída de las exportaciones en el mes de abril, con un porcentaje superior al 20 por ciento con respecto al mismo mes del año anterior. La segunda fue el anuncio de que no se cumplen los pronósticos de recaudo tributario. En ambos casos, las cifras reflejan una debilidad de la demanda externa, en el caso de la caída de las ventas al exterior, y de la interna, en caso de los ingresos fiscales.

Los resultados no son sorprendentes, pues la situación internacional es decepcionante en términos de crecimiento económico. Europa sigue en total estancamiento, Japón se olvidó hace años de crecer, Estados Unidos tiene indicadores muy contradictorios y aun naciones como Brasil o México han venido acomodándose a tasas de crecimiento bajas. Incluso China está preocupada por una expansión algo menor que lo esperado.

El Gobierno colombiano no puede ignorar estos resultados parciales. Una caída de las exportaciones deteriora la cuenta corriente de la balanza de pagos, lo que nos hace más dependientes de los ingresos de capitales extranjeros para compensar la pérdida de divisas externas. Si, además, existe un menor recaudo, el Gobierno deberá financiar el faltante con más endeudamiento. Si la fuente es externa, sería una presión adicional para la tasa de cambio, lo que agravaría la delicada situación de los exportadores. Si es un financiamiento interno, podría frenar la caída de la tasa de interés, lo cual tendría un efecto indeseable sobre la debilitada demanda interna.

Por el momento, nada es grave, pero, de confirmarse la tendencia, los correctivos tienen que ser mayores. Queda claro, otra vez, que nuestro modelo de desarrollo es frágil y dependiente de la coyuntura externa. Si no tenemos suficientes ingresos de divisas, vendrá un ajuste cambiario que muchos consideran bienvenido. Un peso menos fuerte nos protege, pero también nos castiga. Los buenos resultados de inflación están también relacionados con el efecto de los menores precios de bienes importados. Si hay mayor devaluación, es muy probable que aumente el índice de precios, lo que restringe el margen de maniobra monetario y podría llevar a repuntes en la tasa de interés.

Lo anterior nos lleva por el camino de un ajuste de la economía. Y los periodos de ajuste exigen aprender a navegar con nuevos parámetros. Estimular el gasto público es el primer reflejo de los gobernantes, sobre todo en época preelectoral. Cualquier cosa, salvo enfrentar comicios con una economía estancada y con el peligro de un desempleo creciente. Demorar la toma de decisiones, pensando en el panorama político, es algo que muchos gobiernos han hecho. El ejemplo más reciente es el del expresidente George W. Bush que, consciente de la gravedad de la crisis financiera a finales del 2007, demoró la adopción de correctivos por motivos electoral, lo que llevó a un descalabro mayor.

Colombia entra en zona de turbulencia económica. Ajustar el rumbo es lo prudente, así no sea popular.

Miguel Gómez Martínez

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