Miguel Gómez Martínez

Cantidad versus calidad

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
julio 17 de 2013
2013-07-17 01:27 a.m.
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Los enemigos de los modelos de crecimiento económico gustan comparar el desarrollo de las naciones europeas y Estados Unidos, señalando que los primeros tienen menos disponibilidad de riqueza, pero mayor nivel de calidad de vida. Los estadounidenses tendrían más acceso a los bienes y servicios, pero lo pagarían con más horas de trabajo y menos disponibilidad de tiempo libre. Muchos prefieren los modelos europeos con altas tasas de tributación, generosas políticas intervencionistas administradas por Estados pesados y robustos. Sería, entonces, preferible la calidad a la productividad.

Cuando se visita Europa es evidente que la calidad de vida disminuye, producto de la crisis económica y de un largo periodo de crecimiento vegetativo. Descubren los europeos que sin cantidad no hay calidad. En el mediano plazo, una sociedad que no aumenta su producto no puede sostener su nivel de vida. Las estrategias de repartición muestran rápidamente sus límites. En países como Francia se aumentan los impuestos para mantener la ilusión de que el Estado bienestar puede aguantar. Pero la mayor presión fiscal termina por asfixiar las fuentes restantes de crecimiento. La inversión se resiente, el ahorro huye y el empleo se estanca.

Luego, en el fondo, no existe una dicotomía entre calidad y cantidad. Sin crecimiento, ninguna de las maravillas del modelo de repartición son posibles. Sin expansión del producto no se puede tener educación y salud gratuita ni buenas infraestructuras. Sin crecimiento no es posible financiar las jugosas pensiones o las reducciones en las jornadas laborales. Mientras Europa ve desbaratarse lentamente el monolito de sus Estados Providencia, Estados Unidos recupera lentamente su potencial de crecimiento. En el fondo todo se explica por la productividad diferencial. En otras palabras, la cantidad es la que permite que los estadounidenses guarden la esperanza de dejar atrás la recesión, mientras en Europa el túnel sigue oscuro.

Tal vez la ironía más grande sea la relacionada con el cambio de modelo económico hacia uno que privilegie lo ambiental. Para poder avanzar en un nuevo paradigma de crecimiento que no destruya los recursos naturales se requiere poder invertir en nuevas tecnologías y novedosos sistemas de generación de energía. Todo ello viene acompañado de radicales transformaciones en los modos de producción. Nada de ello es posible sin una economía en expansión. Así lo están entendiendo los que le apuestan a fórmulas alternativas que permitan superar la dicotomía entre más cantidad y más calidad. Para tener una economía que pueda invertir en el medio ambiente hay que poder expandir el producto.

Es importante recordar que no hay, en el estado actual del desarrollo de la ciencia económica, alternativas al aumento del producto. Queremos convencernos de que es posible generar bienestar sin tener expansión. Para todos los que critican los modelos productivistas, es necesario recordarles que no es posible repartir sin primero producir. Si queremos tener calidad de vida hay que generar primero la riqueza material que la hace posible.

Conviene, entonces, no perder de vista que en economía, la calidad es producto del aumento de la cantidad.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

representante@miguelgomezmartinez.com

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