Miguel Gómez Martínez
columnista

Carta de cafés

Este gobierno es bueno para afirmar una cosa y hacer lo contrario en el tema tributario.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
noviembre 01 de 2016
2016-11-01 10:14 p.m.
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Leí con atención el artículo publicado el 27 de octubre en El Tiempo por la titular de la cartera de Comercio, Industria y Turismo. Su enfoque es promover el emprendimiento como motor de crecimiento.

Es el reconocimiento de que no podemos generar empleo suficiente y de calidad para absorber el sobrante de mano de obra. Importante que el gobierno, luego de seis años, considere que es el espíritu individual el que puede darle oxígeno al desarrollo. Sobre esto se ha escrito mucho desde hace tres décadas y hay modelos muy interesantes que se han implementado en diversas latitudes, desde Irlanda hasta Vietnam, de la India hasta Chile.

Reconozco que estoy vacunado contra la forma como este gobierno presenta cualquier tema como si fuese revolucionario, original, único en el planeta e insuperable. Los lugares comunes se adornan de grandes anuncios y costosas campañas de publicidad. Decir que la salida es un mayor nivel de emprendimiento es tan obvio que no resiste discusión alguna. El problema no es ‘el qué’, sino ‘el cómo’. Sobre lo primero estamos todos de acuerdo.

Pero sigo en la búsqueda de medidas y estrategias que nos permitan recuperar la productividad industrial, la competitividad en los servicios y la modernización tecnológica del sistema productivo. Busco esas ideas en los gremios especializados, que deberían tener un banco de propuestas para reactivar esta economía anémica. Ni el gobierno ni los que representan al sector real tienen claridad y voluntad sobre lo que hay que hacer. Es más cómodo seguir defendiendo los privilegios obtenidos, culpando a los de siempre y señalando las carencias que no se solucionan.

Porque este gobierno es bueno para afirmar una cosa y hacer lo contrario. En el tema tributario, los primeros seis años fueron en reversa. Se aumentó la carga tributaria hasta llevarla a un nivel que desestimuló la inversión nacional y extranjera. Los negocios empezaron a irse del país porque la rentabilidad era insuficiente.

La devaluación, derivada del déficit de la cuenta corriente, le dio un golpe adicional a quienes habían escogido a Colombia para invertir, pues las utilidades giradas en dólares eran menores. Sectores enteros han quedado neutralizados en medio de la incapacidad del Estado de definir las reglas de juego.

El mensaje del gobierno es que quiere más inversión en petróleo y minería, pero su misma política es la de obstaculizar, por todos los medios, el otorgamiento de las licencias ambientales. Algo similar sucede en infraestructura, donde, a pesar de los reclamos del sector privado, las consultas ciudadanas no han sido reguladas y son costosos los peajes para el desarrollo de los proyectos.

El emprendimiento no es un modelo teórico, sino un asunto de terreno. Para la muestra un ejemplo. Hace algunos días fui a almorzar con un amigo danés. Al terminar quiso un café y pidió la carta de cafés. El mesero lo miró con extrañeza y le preguntó si quería americano, cortado o expreso. La decepción del extranjero fue inmensa. Pensaba que podría escoger entre cientos de variedades en el país del ‘mejor café del mundo’, como reza la propaganda oficial. No hay emprendimiento ni siquiera en nuestro producto bandera.

Coletilla: hay $1,5 billones en Colciencias para modernización tecnológica, pero no hay proyectos de calidad. ¡Plop!


Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com

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