Miguel Gómez Martínez
columnista

Oportunidad perdida

Para el Estado es más fácil seguir exprimiendo a los contribuyentes de siempre que enfren- tar las mafias y los agujeros negros de la tributación.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
noviembre 15 de 2016
2016-11-15 08:00 p.m.
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Útil y triste resulta el análisis de los comentarios efectuados por el experto Santiago Pardo sobre la reforma tributaria, que será pupitreada por el Congreso próximamente. Apoyado en su conocimiento y experiencia, Pardo sostiene que la denominada reforma ‘estructural’ es una oportunidad perdida para que las empresas recuperen su competitividad.

El listado de empresas que se han ido de Colombia por la ineficiencia de la estructura impositiva es larga y preocupante. BAT, Mazda, Adams, Michelin, Prismacolor Kraft, Varta y Andina de Herramientas, son solo algunos de los nombres más conocidos de compañías que han trasladado parcial o totalmente sus operaciones a otros países, ya que el sistema de impuestos colombiano les hacía imposible seguir operando en el territorio nacional. Con ellas se fueron los empleos, la tecnología y los impuestos que hoy benefician a otras economías que han entendido que, en un mundo abierto, la carga fiscal es un elemento importante de la rentabilidad real.

Las cifras que presenta Santiago Pardo son aterradoras. Según una encuesta de la Andi del 2014 sobre un grupo de empresas que representa el 18 por ciento del PIB, la tasa efectiva de tributación, incluidas los parafiscales y la seguridad social, es del 68,1 por ciento. El Banco Mundial ratifica esta aberrante condición al situar a Colombia en el puesto 146, con una relación tasa/utilidad del 75,4 por ciento. Con esta presión tributaria, ningún negocio puede dejar de destruir valor en el mediano plazo.

Pardo concluye, con razón, que, por razones tributarias es más barato importar un bien que producirlo en Colombia. Ello explica, en buena medida, la desindustrialización del país.

Pero tal vez el punto más duro del análisis del experto es el poco énfasis que se le pone a la fiscalización. Pardo estima que la evasión asciende a 100 billones de pesos frente a un recaudo de 150 billones. Si se hiciera un verdadero esfuerzo en este campo se lograrían recursos superiores a los que se calculan que traerá la reforma. Pero, en la exposición de motivos del proyecto, el valor estimado por fiscalización es de cero pesos, prueba de que no es una prioridad de la estrategia gubernamental. Para el Estado es más fácil seguir exprimiendo a los contribuyentes de siempre que enfrentar las mafias y los agujeros negros de la tributación.

Pardo disputa que la reforma genere equidad. Sostiene que el sistema de tributación de los dividendos terminará castigando a los pequeños y medianos inversionistas, mientras favorecerá a los grandes que pueden retener sus utilidades en las empresas. A diferencia de lo que afirma el gobierno, el IVA aumentado gravará bienes y servicios de la canasta familiar con su carácter regresivo.

Otra vez se perdió la oportunidad de eliminar el cuatro por mil, el odioso impuesto que tanto favorece la evasión al desestimular la bancarización. Se mantuvieron los aranceles y el IVA para los bienes de capital, lo que penaliza la inversión y favorece la exportación de empleos. Y lo que es aún más absurdo, se mantiene el antitécnico concepto de la renta presuntiva, con el agravante de que la tarifa es más elevada que el ritmo de crecimiento de la economía.

Si lo dice Santiago Pardo, alguien que trabaja en el tema todos los días del año, hay que ponerle atención.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com

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