Miguel Gómez Martínez
columnista

Las pensiones en riesgo

El tema de las pensiones es el centro del debate político en Chile. El sistema está bajo fuerte presión y se habla de una reforma estructural.

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
agosto 16 de 2016
2016-08-16 09:38 p.m.
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El tema de las pensiones es el centro del debate político en Chile. El sistema está bajo fuerte presión y se habla de una reforma estructural a su funcionamiento. Esto debería ser una señal de alarma para Colombia, porque nuestro modelo pensional privado fue inspirado por la experiencia del país austral. El mismísimo José Piñera, el ministro de Trabajo chileno que desarrolló el prototipo en ese país, estuvo en Colombia vendiendo las virtudes del sistema.

Y la verdad es que la idea es buena. En lugar de los modelos tradicionales, en los cuales las pensiones son financiadas con los recursos aportados por los que están en la vida activa, el modelo chileno está centrado en el ahorro. Es decir, la persona acumula el capital suficiente para cubrir sus necesidades una vez abandone el mercado del trabajo.
En Colombia se hizo un esfuerzo importante por incentivar a las personas a moverse en esa dirección que estimula el ahorro. Con el sano principio de proteger el dinero de los aportantes, a los fondos de pensiones privados se les restringió por años las inversiones que podían realizar, lo que los convirtió, por defecto, en los grandes compradores de la deuda pública. La idea de que las pensiones eran una excelente palanca para financiar proyectos de largo plazo fue, hasta muy recientemente, imposibilitada.

Mientras tanto, muchas variables sufrieron modificaciones sustantivas. La esperanza de vida aumentó, extendiendo el periodo de inactividad que tenía que ser financiado con el capital ahorrado. Las tasas de interés y, por ende, la rentabilidad de las inversiones se vinieron al suelo en el largo lapso de liquidez y baja inflación. No hubo un avance en la formalización del trabajo y, millones de colombianos que viven en la informalidad continuaron sin la posibilidad de aportar para su pensión, pública o privada. El desempleo siguió siendo alto.

Como siempre, hicimos las cosas a medias. Se mantuvo en paralelo el sistema tradicional de pensión por repartición, garantizado por el Estado, con recursos del presupuesto. Bajas rentabilidades y un inconveniente cambio en la normatividad tributaria de retención en la fuente, redujeron el atractivo de los fondos voluntarios de pensiones, en los cuales los trabajadores podían mejorar el capital para garantizar mejores mensualidades.

A medida que la población cumple 51 años, y tiene la última posibilidad de cambiar de régimen, cientos de miles de colombianos han regresado al sistema público de pensiones, hoy administrado por Colpensiones, con el respaldo del Erario. Es evidente que los fondos privados, preocupados por el desbalance del sistema, incitan a las personas a que tomen esa decisión, pues saben que tiene más garantías el sistema tradicional que en el privado, sometido a la inestabilidad de los mercados financieros, la presión tributaria y los costos crecientes de administración.

En un país que enfrenta una delicada coyuntura fiscal, con un aumento creciente de los impuestos y un gasto desbordado, el ahorro no es la prioridad. Los colombianos prefieren endeudarse y consumir en lugar de ahorrar. El reloj de la bomba de tiempo pensional sigue avanzando, mientras el gobierno, en este, como en tantos otros asuntos, espera que el posconflicto arregle todo.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com

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