Miguel Gómez Martínez Como los cangrejos | Opinión | Portafolio
Miguel Gómez Martínez
Columnista

Como los cangrejos

La inacción de este gobierno y su descuido de la economía por su obsesión por el nobel, ha permitido que los problemas estructurales aumenten.

Miguel Gómez Martínez
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Miguel Gómez Martínez
abril 25 de 2017
2017-04-25 08:23 p.m.
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Hay siempre que leer con atención lo que dicen los miembros de la junta del Banco Central. Es muy útil, pues nos permite saber lo que se está pensando en ese foro, que es el más importante para entender el entorno económico. La semana pasada, Juan Pablo Zárate, el miembro más antiguo, dio una muy interesante entrevista al diario El Tiempo (edición del 21/04/2017).

“Creo que podemos estar con un crecimiento potencial cercano al 3 por ciento”, afirmó el codirector del Emisor. Esta es una noticia preocupante, pues se estima que durante el decenio 2005-2015, la tasa de expansión máxima no inflacionaria era 30 por ciento más alta, lo que equivale a 4,5 por ciento.

¿Por qué nuestra economía tiene un techo de crecimiento cada vez más bajo? La explicación es compleja. Pero, hay por lo menos dos elementos que son determinantes para señalar: la tasa de inversión y los cuellos de botella estructurales. Recordemos que en el año 2000, antes de la Seguridad Democrática, la inversión se encontraba en un modesto 12 por ciento del PIB, y para el 2010 había crecido 83 por ciento, pasando a representar 22 por ciento. Las cuentas nacionales disponibles (primer semestre del 2016) confirman que el peso de la formación bruta de capital fijo (inversión) como proporción del Producto Interno Bruto se ha estancado en 22 por ciento.

La inversión, al ser una función autónoma del ingreso, depende fundamentalmente de las expectativas de los empresarios. El largo, oscuro y desgastador proceso de paz puso entre paréntesis los planes de las compañías. Mientras tanto, las condiciones de la economía colombiana se fueron deteriorando, producto del choque externo relacionado con la caída del precio del petróleo y los crecientes problemas fiscales. El gasto ineficiente en mermelada, publicidad, viajes, contratos a dedo y lujos innecesarios agudizó el problema estructural del déficit de las finanzas públicas. Dos reformas tributarias en los últimos 4 años, terminaron por enterrar una competitividad que nunca fue buena. Entre el 2010 y el 2017, la participación de las exportaciones en la producción ha permanecido en 13 por ciento, reflejando la ausencia de una política acertada de promoción.

Y están los cuellos de botella estructurales que frenan el crecimiento. A pesar de los indudables avances en infraestructura, el retraso acumulado es enorme. Lo que en Colombia llamamos pomposamente vías de cuarta generación calificarían de vías secundarias en cualquier otro país. La ley de regalías, que también fue un paso adelante, dotó a Colciencias de recursos para modernización tecnológica. Pero no hay suficientes proyectos y el dinero no se está ejecutando. Buena la idea del programa de becas universitarias para los alumnos sobresalientes. Pero, en cambio, el Sena se entregó a los políticos, y muchísimo hace falta por hacer en el tema de modernizar la capacitación del talento humano, estimular el estudio en ingenierías y ciencias básicas. Sin buena logística, trabajadores bien formados y tecnología no es de extrañar que cada vez podamos crecer menos.

La inacción de este gobierno y su descuido de la economía por su obsesión por el nobel, ha permitido que los problemas estructurales aumenten hasta comprometer la situación coyuntural, que es hoy preocupante. Como los cangrejos vamos.

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