Miguel Gómez Martínez

Déficits gemelos

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
julio 01 de 2015
2015-07-01 01:51 a.m.
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En medio de la modorra habitual de los medios de comunicación, salieron publicadas las estadísticas del comercio exterior al mes de mayo, y los resultados son inquietantes. Se confirma el deterioro de la balanza comercial, que acumula un déficit de 5.000 millones de dólares en lo corrido del 2015. Si tomamos el año terminado al mes de abril, el déficit bordea los 10.000 millones de dólares, que es una barbaridad. De continuar la tendencia, podríamos tener al cierre de este periodo un desequilibrio comercial por encima de los 12.000 millones de dólares, algo nunca visto en nuestra historia económica y el doble de lo registrado en el 2014.

Uno podría suponer que si tenemos un déficit tan grande es porque estamos importando mucho. Pues no, las compras al exterior cayeron 18 por ciento, pero las exportaciones bajaron aún más, un histórico 26 por ciento en un mes. Todo ello confirma que la economía se está enfriando a un ritmo acelerado y no de forma gradual, como lo sostiene el Ministro de Hacienda. Aparte de no ser competitivos en muchos productos, los mercados internacionales están flojos por tantas noticias preocupantes que se registran.

Financieramente, el déficit comercial implica que nos estamos endeudando para comprar lo que necesitamos. Como no nos procuramos suficientes dólares de nuestras exportaciones, tenemos que pedir prestado al exterior esas divisas para poder adquirir las importaciones. Eso es preocupante, porque es un claro indicador del ajuste que se avecina. Con un déficit de esta naturaleza, la devaluación tiene que aumentar y golpeará a todos los que venden esos bienes, pero también a los que viajan al exterior o los que están endeudados en monedas externas. La ventaja es que como tenemos una tasa de cambio flexible, no tendremos los problemas de otras épocas, cuando la expectativa de devaluación generaba una fuga de capitales que podía hacer colapsar la economía.

Si a este panorama preocupante le adicionamos el déficit fiscal, tenemos el otro desequilibrio que empujará hacia abajo nuestra economía, por encima de los discursos propagandísticos del Gobierno. Los déficit gemelos exigirán un ajuste en plena firma del proceso de paz. Como para Santos lo único importante es el acuerdo, sin tener en cuenta el costo que la sociedad tenga que pagar, es muy probable que las medidas se demoren el máximo posible para crear la impresión de que estamos en capacidad de asumir lo lógico y lo absurdo que se ha acordado en La Habana. Los guerrilleros, que, como sus amigos chavistas, saben muy poco de economía, no se dan cuenta de que muchos de los compromisos que el Gobierno está asumiendo no serán realidad por falta de espacio fiscal. Subir los impuestos es inevitable, y es hora de dejar de fingir como lo hace el Gobierno.

La devaluación ayudará a los exportadores, que es bueno porque les permite recuperar mercados que habían perdido. Pero no olvidemos que cuando una moneda se devalúa los que la poseen se vuelven más pobres. En otras palabras, lo que explica el déficit comercial creciente es que nos hemos vuelto, no más prósperos como lo anunciaba el Gobierno, sino más pobres.

Miguel Gómez Martínez

Asesor económico y empresarial

migomahu@hotmail.com

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