Miguel Gómez Martínez

Demagogia energética

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
septiembre 18 de 2013
2013-09-18 12:09 a.m.
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En medio del clima caldeado que dejó la ola de paros, ha florecido el tema de rebajar el precio de la gasolina y el acpm.

Es cierto que el precio es elevado para el nivel de ingreso en Colombia, pero no es verdad que sea de los más altos del mundo.

Es cierto que afecta la competitividad de nuestra economía, pero no es verdad que sea el factor determinante. Es cierto que todos pagamos directa o indirectamente este costo, pero no es verdad que lo hagamos de forma equitativa. Por ello es hora de desnudar las agendas ocultas detrás de este debate.

Está la agenda política, que es la más evidente.

Hay políticos y partidos interesados en posar, de cara a las próximas elecciones, como los defensores de las clases populares.

Quieren mostrar que fueron los encargados de corregir esa aparente injusticia. Esta agenda, de fuerte contenido demagógico, no señala que, si se reduce el precio de la gasolina, sería necesario desmontar parcialmente programas de verdadero impacto social, como Familias en Acción. Pero la demagogia preelectoral no tiene escrúpulos.

También hay una poderosa agenda gremial.

El sector del transporte es el gran beneficiado con esta discusión. Es, además, una de las áreas de nuestra economía más obsoletas y anacrónicas. Ni el nivel tecnológico, ni la organización empresarial, ni mucho menos la integración logística, están a la altura de las exigencias de la economía colombiana.

El retraso en la modernización del transporte –en todas sus modalidades– es uno de los frenos más evidentes a la productividad y competitividad de Colombia. Ya obtuvieron que el Gobierno congelara el precio del acpm hasta finales del año. Los grandes ganadores de este debate serán aquellos que operan en mercados muy imperfectos y que trasladan su ineficiencia al conjunto de la estructura económica.

Hay un debate sobre la equidad. Al bajar el precio de la gasolina, se estimula el consumo, que favorece a los que tienen automóvil, que no son propiamente los más pobres de la sociedad.

Al aumentar el uso, se incrementa el daño ambiental, que ya es considerable en todos los centros urbanos del país.

Pero ni los líderes de la agenda política ni los representantes gremiales quieren que se toquen esos aspectos, que son fundamentales.

Y no podría faltar en este escenario el Gobierno, preocupado por su pérdida de popularidad y dispuesto a todo por recuperar el favor en las encuestas. La tentación de ceder es grande, pero está la responsabilidad fiscal y el problema de cubrir el hueco que dejaría en las finanzas públicas cualquier desmonte en los impuestos, tasas y contribuciones que gravan el precio de la gasolina.

Porque el debate de fondo es otro: ¿qué hacemos con los impuestos que pagamos en cada galón de gasolina?, ¿dónde están las vías y la infraestructura mejorada? y ¿dónde están los beneficios de esos ingresos que recibe el Gobierno, los departamentos y los municipios? Ese es el verdadero debate que deberíamos estar adelantando, en lugar de seguir fomentando la demagogia energética.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

representante@miguelgomezmartinez.com

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