Miguel Gómez Martínez

Dos señales

Se afirma que estudiar es la mejor forma de asegurarse un futuro. Pero en la práctica, son cientos de miles los profesionales que no han encontrado un empleo en su área de conocimiento o están remunerados muy por debajo del nivel correspondiente a su formación.

Miguel Gómez Martínez
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Miguel Gómez Martínez
octubre 17 de 2012
2012-10-17 02:21 a.m.
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Un reciente estudio del Observatorio Laboral para la Educación del Ministerio de Educación ofrece otro tipo de información interesante. Muestra que los salarios de las ingenierías son los más altos, sobre todo si están ligados a los sectores de petróleos o minería. Un ingeniero de petróleos recién egresado puede esperar un saldo ligeramente inferior a 3,5 millones mensuales (1.950 dólares). Estas son las áreas más dinámicas en materia de inversión extranjera. No solo hay un buen momento en términos de crecimiento, sino que las empresas de capital foráneo pagan mejores salarios, algo que debería morigerar las críticas de los sindicatos y nacionalistas que siempre critican la presencia del capital extranjero en nuestra economía. Las firmas locales son menos generosas cuando se trata de remunerar el trabajo.

Pero también es interesante lo que dice el estudio sobre la parte baja de la tabla. Aparecen profesiones ligadas a actividades artísticas (diseño de modas, bellas artes o artes escénicas). Refleja la poca importancia que le damos a la cultura como promotor social. Pero, lo más grave es que están en este grupo de coleros, carreras que son fundamentales para un país, como las licenciaturas en educación. Un licenciado puede esperar un salario promedio de 850 mil pesos (470 dólares) mensuales. Claro está, ellos no estudian el mismo número de años que un ingeniero de petróleos, pero la diferencia de ingresos es grande.

En general, una de las señales del subdesarrollo es el poco prestigio que gozan las profesiones ligadas a la educación. El maestro es, en los países maduros, el centro de la sociedad. Es un líder natural de su comunidad, respetado y escuchado. Ser profesor universitario se sitúa en el ápice del prestigio social, lo que sin duda no corresponde a la realidad colombiana.

Varias de nuestras universidades han hecho un esfuerzo por invertir en sus docentes. Es difícil conseguir buenos profesores que saquen lo mejor de sus alumnos, despierten su interés por el conocimiento y desarrollen su espíritu de investigación. Los buenos profesores son escasos y, siguiendo las leyes de la economía, deberían estar bien remunerados. Pero no es el caso, porque la carrera docente no está estructurada como en los grandes países del mundo. En el sector público, la sindicalización ha introducido factores de rigidez que no permiten estimular económicamente a los buenos maestros y penalizar a los malos.

Si los docentes de niños y jóvenes forman parte de las profesiones con la más baja remuneración de una sociedad, es porque poco nos importa la educación. Buenos maestros hacen buenos alumnos, y estudiantes sobresalientes son el mejor estímulo para el progreso de una sociedad.

MIGUEL GÓMEZ M.

PROFESOR DEL CESA

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