Miguel Gómez Martínez

Economía adolescente

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
septiembre 03 de 2014
2014-09-03 03:07 a.m.
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La política monetaria es un elemento determinante para empresarios y Gobierno. En los últimos meses, el Banco de la República ha venido aumentando el nivel de la tasa de interés. Está enviando señales a los actores económicos de que no permitirá que la inflación le tome la delantera. El Emisor actúa dentro del marco constitucional que le hace primer responsable del control de la moneda y los precios.

Las alzas, que se han producido desde marzo de este año, generan inquietud en muchos sectores como la banca, los constructores, los concesionarios automotrices y todos los que dependen del crédito para financiar capital de trabajo o garantizar sus ventas. Tampoco es una buena noticia para el Gobierno, que enfrenta un significativo déficit fiscal y deberá aumentar sus emisiones de deuda interna. No es positivo para los proyectos de inversión ni tampoco para la tasa de cambio, pues podría estimularse un ingreso de dólares que frenaría la saludable tendencia a una mayor devaluación del peso.

¿Por qué, si la inflación no se ha desbordado, el banco central incrementa el costo del dinero? La preocupación es el ritmo de expansión de la producción que, según los analistas, se acerca al 5 por ciento anual. Este sería el techo del crecimiento no inflacionario de la economía del país. Si Colombia crece más allá del 5 por ciento, el riesgo es que los precios aumenten por encima del rango establecido por la autoridad monetaria. El Banco de la República, cuya credibilidad en los agentes es elevada, no quiere comprometer el éxito de su política aceptando un brote inflacionario que signifique una sorpresa desagradable al cierre del año.

Luego, el problema no es el enfoque de la política monetaria, sino el bajo nivel que tiene el crecimiento no inflacionario. Una expansión del 5 por ciento no es mala, pero no garantiza los niveles de crecimiento acelerado que reducirían los niveles de pobreza, pues se requieren catorce años para duplicar el PIB. Colombia no podría disfrutar de crecimientos como los que ha experimentado China o, más cerca de nosotros, Chile. Estaríamos condenados a un crecimiento moderado o a sufrir una inflación excesiva que destruiría el ahorro y penalizaría a los más pobres.

Como un niño adolescente al que la ropa le queda apretada y corta, así es nuestra economía. No podemos crecer rápidamente sin recalentarnos porque adolecemos de buenas infraestructuras, capacidad de incorporar nuevas tecnologías y suficiente mano de obra calificada. Estos cuellos de botella estructurales explican el bajo nivel de crecimiento potencial no inflacionario. Tenemos más de treinta años de retraso en infraestructura y la brecha se cierra con desesperante lentitud. A pesar de que la ley de regalías previó abundantes recursos para investigación, ni Colciencias ni el sistema universitario colombiano tienen la capacidad de desarrollar suficientes proyectos de investigación aplicada que permitan mejorar la productividad del sector empresarial. Y en educación para el trabajo, seguimos presos del modelo Sena, que es costoso, burocrático y no tiene la capacidad de formar en los sectores críticos de crecimiento.

Un techo bajo solamente es cómodo para un enano.

Miguel Gómez Martínez
Profesor del Cesa
migomahu@hotmail.com
 

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