Miguel Gómez Martínez

La economía del Chavo

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
diciembre 03 de 2014
2014-12-03 03:47 a.m.
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Como millones, fui seguidor esporádico de la serie del Chavo. Me parecía simpático aunque encontraba sus guiones algo repetitivos. Pero la genialidad se confirma por haberse convertido en un clásico del humor latino. Las frases utilizadas por varios de sus personajes se han incorporado a nuestro lenguaje y son indelebles. Algunas son célebres y pueden incluso ser utilizadas para analizar temas económicos.

"Fue sin querer queriendo" que nuestra economía se convirtió en dependiente del petróleo. Esta actividad tiene la característica de requerir elevados capitales de riesgo y el uso de tecnologías muy avanzadas que no están disponibles en Colombia. Es por lo tanto un sector perfecto para canalizar recursos de inversión extranjera que reúnen esos dos atributos. Lo único que estos inversionistas exigen es un adecuado retorno de rentabilidad pues la actividad debe asumir riesgos geológicos, la inestabilidad de los precios internacionales y factores como la inseguridad que acechan siempre a estas empresas. Más de la mitad de la inversión foránea de nuestro país fue dirigida a las actividades minero-energéticas, y un 54 por ciento de nuestras exportaciones actuales son crudo. Y cumplieron su cometido pues le dieron a Colombia una independencia energética y le brindaron flujos financieros abundantes, muchos de ellos dilapidados en la corrupción de las regalías y la ineficiencia del gasto público.

“Lo sospeché desde un principio” que las toneladas de mermelada repartidas generosamente en el período preelectoral generarían un problema fiscal. Los ingresos fiscales nunca tienen la misma dinámica que los gastos. Cuando se desbordan los compromisos, el desequilibrio se produce en un breve plazo. Luego de la reelección, el país descubrió que sus finanzas públicas tenían un déficit de 12,5 billones de pesos y que era necesario recurrir a una fuerte reforma tributaria para intentar cubrir parcialmente el hueco.

“Eso, eso, eso” de imponer una política de austeridad no está en la agenda del Gobierno, que parece seguir el rumbo sin atender las graves consecuencias que tendrá sobre los ingresos tributarios y el crecimiento la caída de los precios internacionales del petróleo. Cada dólar que cae el petróleo significan 430 mil millones de pesos menos de recursos para el Estado. Por ello hay que apretarse el cinturón para reducir el impacto de la nueva coyuntura energética.

“No contaban con mi astucia”, pues cambiando el nombre de un impuesto eliminamos sus efectos negativos sobre el crecimiento económico. Pasar del “impuesto a la riqueza” al “tributo contra la pobreza” soluciona con un golpe chaviano (porque no es chavista) de maquillaje la incoherente estructura fiscal del país. Muy propio es de un país que cree que asimilar autopistas a “dobles calzadas” soluciona el problema de infraestructura o que el pico y placa compensa la falta de inversión en vías.

“Bueno pero no se enoje” señor Ministro cuando le recordamos que Usted hizo toda su carrera académica y profesional promoviendo la ortodoxia en el manejo de las finanzas públicas. Publicó varios ensayos serios sobre la necesaria reforma tributaria integral que ahora se niega a promover.

“Es que no me tienen paciencia” cuando insisto en que un Estado pequeño y eficiente es mejor que uno grande y paquidérmico.

Miguel Gómez Martínez
Profesor del Cesa
migomahu@hotmail.com

 

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