Miguel Gómez Martínez

‘Economía de la manipulación’

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
marzo 09 de 2016
2016-03-09 02:46 a.m.
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Atraído por el título, La economía de la manipulación y por los autores, los premios nobel de economía George Akerlof y Robert Shiller, he leído este libro recientemente publicado en español por editorial Planeta. Tratándose de dos personajes tan relevantes en la economía contemporánea, el texto resulta de lectura sencilla y amena. Está hecho para el gran público y no tiene referencias teóricas complejas ni argumentaciones matemáticas. El texto se centra en demostrar la importancia de incorporar, en los modelos económicos, los avances de la escuela conductual. Esta área es derivada de la sicología y aporta interesantes contribuciones al análisis económico tradicional.

Akerlof y Shiller sostienen que los seres humanos desafían el postulado de racionalidad, que es uno de los principios de la ciencia económica. Tomamos, entonces, decisiones que están guiadas por nuestros deseos, caprichos, tentaciones y manipulaciones. El óptimo que representa la teoría del mercado es un espejismo, pues detrás del principio de la libertad de elegir (haciendo referencia al título de la célebre obra de Milton y Rose Friedman), lo que existe es la libertad de manipular. Los consumidores son engañados por el déficit de información y por sus propias debilidades sicológicas que los hace vulnerables a los engaños de quienes piensan en la utilidad por encima de la ética.

Pero, ¿cómo contrarrestar la manipulación? Los autores son decididos partidarios de la intervención del Estado para imponer permisos, restricciones e incluso forzar a los agentes económicos a tomar decisiones consideradas como ‘buenas’. La libertad económica, tal como se ha entendido desde la llegada de Ronald Reagan a la presidencia en 1980, es señalada como la causante del desbordamiento de los fenómenos manipulativos.

Ante tanto entusiasmo por el intervencionismo estatal, queda uno perplejo de que no se aborden, sino de forma muy tangencial, las fallas del sector público. Las referencias frente a la captura de los reguladores por los grupos organizados como políticos, lobistas, estructuras mafiosas y círculos de corrupción parecen a los autores como males menores frente a los beneficios derivados de la expansión del Estado y de sus intervenciones. Incluso se percibe un escepticismo sobre la defensa de algunas libertades individuales, ya que estas permitirían los abusos de algunos que nos hacen tomar decisiones que creemos que son buenas para nosotros, pero resultan ser buenas para otros.

Válido el llamado que hacen los dos premios nobel para que la economía se integre con otras ciencias como la sicología, la antropología o la sociología, que pueden aportar mucho a la comprensión del comportamiento del homo economicus. Pero su confianza excesiva en los beneficios de la intervención estatal resulta sorprendente, y algo anacrónica.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com

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