Miguel Gómez Martínez
columnista

El diluvio

“Después de mi, el diluvio” es una frase que se le atribuye al rey francés Luis XV cuando enfrentaba el descontento popular de su época.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
agosto 22 de 2017
2017-08-22 08:55 p.m.
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“Después de mi, el diluvio” es una frase que se le atribuye al rey francés Luis XV cuando enfrentaba el descontento popular de su época. El monarca presagiaba el malestar que terminaría derrocando a su sucesor Luis XVI, quien debió enfrentar la Revolución que le costó la cabeza. Muy en su estilo monárquico, el actual gobierno actúa sin importarle lo que sucederá después del 7 de agosto del 2018. En economía, el listado de pendientes es grave.

La economía no crece. En el segundo semestre, como todos lo preveían, excepto el gobierno, el resultado es deprimente, con un aumento del 1,28 por ciento. En un entorno prerecesivo se requeriría un presupuesto expansivo que le inyectara fortaleza a la demanda agregada. El Ministro de Hacienda presenta un proyecto triste y lánguido, con un crecimiento real negativo (-3,1 por ciento) y en el cual solo aumenta el gasto de funcionamiento (+6,3 por ciento). Cárdenas insiste en que lo peor ya pasó, pero su credibilidad está por el suelo, pues lleva meses diciendo, como el Presidente, que Colombia va viento en popa…, pero a la deriva.

La Andi, luego de años de aplaudir rabiosamente al gobierno y respaldar sus reformas impositivas, reacciona con un buen estudio en el cual afirma que la tasa de tributación efectiva en Colombia para las empresas es del 69,8 por ciento. Bueno sería que asumieran su importante parte de responsabilidad en esta debacle económica. Algunos dirán que ‘es mejor tarde que nunca’, pero la verdad es que es muy tarde porque el actual gobierno, sin prestigio ni ganas de gobernar, no hará nada significativo para cambiar el enfoque de la política económica. Que venga el diluvio.

Los banqueros, hasta ahora muy satisfechos por sus buenas utilidades, también empiezan a abrir los ojos. Según la Superintendencia Financiera, la cartera morosa subió 41,4 por ciento en el primer semestre. Por grandes rubros, la comercial, que es la que refleja el estado de las empresas, aumentó en un preocupante 59 por ciento. La de consumo, que mide el estado financiero de los particulares, subió en 30 por ciento, y la hipotecaría, 28 por ciento. Las obligaciones impagadas por los colombianos representan hoy 18,2 billones de pesos. Aunque la estabilidad del sistema financiero no está en entredicho, la tendencia no es nada buena y la mala cartera muerde la rentabilidad del sector al exigir mayores provisiones.

En el 2018, el presupuesto destinará 41 billones de pesos al pago de pensiones, un torniquete que cada año reduce aún más el gasto público y le quita flexibilidad. Durante los siete años de Santos se dejó que ese problema se inflara. Que sea el próximo gobierno, cuando se venga el diluvio, el que tenga que enfrentar el tema de aumentar la edad de retiro y subir las cotizaciones. Primero las encuestas que cualquier cosa.

Se acaba el gas licuado, no hay subsidios para la energía de los estratos bajos, se importará etanol con el impacto para el sector azucarero, la aftosa nos cerró las exportaciones de carne, el comercio crece 0,8 por ciento y la construcción 0,3.
Triste el balance económico de este gobierno de pomposos tecnócratas descoloridos, que pasarán a la historia como los que les importaban más las cifras de las encuestas que el futuro del país.

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