Miguel Gómez Martínez
columnista

El discurso de Trump

El clima diplomático entre Washington y Bogotá no es el mismo, hay menos sintonía y paciencia frente al fracaso del control del narcotráfico. Trump dice lo que piensa y hace lo que dice.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
febrero 06 de 2018
2018-02-06 09:18 p.m.
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Es difícil encontrar un personaje de la política internacional más controversial que Donald Trump. Ha roto muchos de los esquemas de política estadounidense y no respeta las convenciones de lo ‘políticamente correcto’. La prensa es, en su inmensa mayoría, implacable en la crítica de sus políticas y declaraciones.

En la última versión del discurso sobre el Estado de la Unión, Trump utilizó todos los argumentos para exponer sus políticas y defender el balance de su primer año. Sin duda, es en el plano económico en el cual el balance es sobresaliente. Las bolsas de valores han reaccionado con vigor, generando un crecimiento que Trump estima en 8 billones de dólares, de mayor riqueza para los accionistas. Este efecto se refleja en el aumento del valor de los portafolios de los fondos de retiro (401K), una de las principales modalidades de ahorro de los estadounidenses. Los expertos y críticos de la administración, como Warren Buffet, afirman que este aumento es una burbuja especulativa que terminará mal.

Pero los fundamentos de la economía son admirables. El pleno empleo es una realidad, se han creado 2,4 millones de puestos de trabajo adicionales, llevando la tasa a su nivel más bajo en 45 años. Para satisfacción de Trump y dolor de sus críticos, las minorías afro e hispanas también se han beneficiado de esta tendencia favorable del mercado laboral. Se observa un aumento de los salarios relacionado con la escasez de mano de obra disponible en ciertos sectores de la producción.

Trump cosecha también los frutos de su mayor triunfo legislativo, la reforma tributaria. La agresiva propuesta de reducir los impuestos de los particulares y las corporaciones es un desafío a las políticas fiscales actuales de todos los países. Si Estados Unidos, con su poderío tecnológico, su inmenso mercado, su independencia energética y su superioridad militar, además cuenta con una economía muy atractiva en términos de rentabilidad, la atracción de capitales será inevitable. Con una nada disimulada satisfacción, el presidente estadounidense confirmó que Apple invertiría más de 250 mil millones de dólares y crearía más de 20.000 empleos en EE. UU. Este puede ser el anuncio de que grandes multinacionales están considerando repatriar capitales atraídos por la baja de las tasas impositivas.

Tal vez lo más preocupante del discurso de Trump sea la advertencia de renegociar los tratados comerciales que considera lesivos para los intereses de su país. Es evidente que soplan vientos proteccionistas. La dura renegociación del Nafta confirma que lo dicho en el discurso se cumplirá en la mesa. Cerrar el acceso a la invasión de productos chinos y la pérdida de empleos estadounidenses requerirá medidas poco favorables al libre comercio. Trump no duda, además, en utilizar el arma comercial contra países que considera poco amigos de EE. UU. Es en ese marco que las declaraciones públicas del presidente respecto al aumento de los cargamentos de cocaína procedentes de Colombia no deben ser ignoradas. Es claro que el clima diplomático entre Washington y Bogotá no es el mismo, y que hay menos sintonía y paciencia frente al fracaso del control del narcotráfico.

Trump no es un político convencional. Dice lo que piensa y hace lo que dice. Eso tiene desconcertados a muchos.

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