Miguel Gómez Martínez
columnista

El mal menor

Si Trump triunfa, el terremoto político será de grandes proporciones, pues tendrá que gobernar contra el poder bipartidista de Washington. 

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
octubre 11 de 2016
2016-10-11 08:39 p.m.
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Si alguien tiene dudas sobre la crisis del modelo democrático debe ponerle atención a la elección presidencial de Estados Unidos. La democracia más importante del mundo debe escoger entre un fantoche, sin criterio, y una mujer mentirosa, sin escrúpulos.

Pero cuando se analiza cómo una nación tan grande llegó a esta circunstancia, hay que mirar la evolución reciente. El Congreso de Estados Unidos ha sido incapaz de adoptar las medidas que se exigen en términos económicos. La deuda ha crecido de manera exponencial hasta superar los 18 billones de dólares, 105 por ciento del Producto Interno Bruto. El déficit presupuestal sigue alimentando esa cuenta que, de no ser por la crisis internacional, presionaría al alza las tasas de interés.

La Reserva Federal, que ha decidido tomar partido por Clinton, quisiera subir las tasas e iniciar el desmonte de los programas de liberación cuantitativa. Pero las flojas cifras de crecimiento –internas y externas– lo tienen dudando sobre el camino que debe tomar. La crisis del 2008 sigue presente y algunas de sus huellas son todavía visibles. El margen de maniobra monetario es aún muy estrecho.

En materia de políticas económicas, Trump y Clinton parecen muy diferentes, pero en el fondo no lo son. El candidato republicano quiere encarnar al empresario tomador de riesgos, pero su experiencia confirma que lo que ha sabido es endeudarse en exceso para aprovechar los momentos de valorización. No es un creador de empresa ni un innovador. La candidata demócrata tiene el respaldo de todas las grandes empresas y las entidades financieras. Representa al establecimiento y la continuidad en su sentido más estricto.

Trump quiere representar a los que están cansados de la rosca que gobierna en Washington, y que se encuentra en su nivel más bajo de prestigio. Sostiene que los estados deben recuperar independencia del gobierno federal. Clinton, para satisfacer al ala izquierda del Partido Demócrata, enfatiza en el aumento de los impuestos para los más ricos.

Si Clinton gana, los demócratas acumularán tres periodos seguidos en la presidencia, algo que no es frecuente y no se ve desde la época de Reagan y Bush padre. Si Trump triunfa, el terremoto político será de grandes proporciones, pues tendrá que gobernar contra el poder bipartidista de Washington, lo que resulta desestabilizante en una democracia con verdadera separación de poderes.

Que Obama y su señora, el establecimiento, la prensa, Hollywood, Warren Buffet, los banqueros, las minorías, algunas prestantes figuras republicanas, los iraníes, los Castro, Maduro, Alicia Machado y hasta Bill Clinton hayan cerrado filas alrededor de Hillary, confirma que el temor que produce Trump no es menor. El problema es que la candidata no genera confianza a nadie, ya que conocen su ambición sin límites.

Trump, por su parte, ha logrado posicionarse como un candidato antiestablecimiento, que ofrece su exitosa carrera como millonario como única carta de presentación para corregir los problemas del país. Tan grave es la crisis de liderazgo político que solo sus propuestas irracionales y su estilo provocador han dado algo de interés a una campaña, que es de una pobreza de ideas sin precedentes.

Como en muchos otros países, los estadounidenses están escogiendo entre el menor de los males. El problema es que no resulta claro cuál de las dos opciones resulta peor.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com

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