Miguel Gómez Martínez

Empobrecidos

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
marzo 11 de 2015
2015-03-11 03:53 a.m.
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Pocas cosas son tan difíciles de interpretar como la tasa de cambio. De hecho, establecer su nivel de equilibrio es un debate infinito, pues existen múltiples factores que deben ser tenidos en cuenta. La tasa de cambio refleja, antes que cualquier cosa, el estado real de la economía de un país y su nivel de estabilidad en el mediano plazo. Cuando una moneda se devalúa significa que los mercados perciben debilidades estructurales que afectarían el desempeño macroeconómico en el futuro.

La devaluación tiene, además, algunos efectos positivos. El más importante es el de darle oxígeno a los sectores exportadores, que bastante han sufrido durante largos años. Para quienes venden bienes y servicios en el exterior, una moneda débil representa una ventaja importante, pues por el mismo valor en dólares reciben cantidades adicionales de pesos que les permiten mejores flujos de caja y mayores utilidades. Además, desestimula el endeudamiento externo que afecta la balanza de pagos y reduce las reservas internacionales.

Pero, también tiene factores negativos como el incremento de los precios de todos los productos importados, como lo refleja el reciente comportamiento de la inflación que traduce el mayor valor en pesos de las compras realizadas al exterior. Una moneda débil aumenta el valor de la deuda externa, lo que afecta a muchos que optaron por los recursos abundantes y baratos disponibles en el exterior. El más penalizado es el Gobierno, que ha utilizado su calificación de riesgo para acceder con éxito a los mercados de capitales en el exterior. El mayor peso de la deuda reduce los ya marginales recursos públicos para inversión.

La devaluación significa que nos hemos empobrecido. Nuestro producto interno (expresado en pesos) se divide por una tasa de cambio más alta y el cociente resultado en dólares, resulta más bajo. En dólares, nuestra producción anual tiene un menor valor. Expresado en una moneda internacional como el dólar, hemos perdido riqueza y somos, por lo tanto, más pobres. Esta nueva circunstancia se refleja en que aquellos que tienen dólares encontrarán los precios colombianos como atractivos, mientras que para nosotros los precios internacionales nos parecerán cada vez más inalcanzables.

La devaluación nos ayudará a bajar el muy elevado déficit comercial, superior a los 6.000 millones de dólares, porque no podremos comprar bienes como maquinaria y tecnología, pues resultarán costosos para nosotros. Este es solo uno de los reflejos del menor poder adquisitivo del peso, luego de la devaluación. 

Algunos sostendrán, con razón, que la tasa de cambio anterior, cercana a 1.800 pesos por dólar, tampoco reflejaba la realidad de nuestra economía y que nos creíamos más ricos de lo que realmente éramos. Pero una tasa de 2.800 pesos, como algunos pronostican cerrará el dólar este año, tampoco lo es.

La devaluación es como un bálsamo que ayuda a paliar los dolores de la economía. Nos ayudará a mejorar la competitividad sin hacer las tareas de fondo que tanto requerimos, como mejorar la infraestructura, la tecnología o la calidad del recurso humano. Mejorará la situación de los exportadores, que mucho lo merecen, pues han sido olvidados y despreciados por la política económica. Pero para los demás, la devaluación significa que somos más pobres.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

migomahu@hotmail.com

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