Miguel Gómez Martínez

¿Empobrecidos o sincerados?

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
septiembre 23 de 2015
2015-09-23 01:53 a.m.
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Pocas cosas son tan difíciles de medir como la relación de riqueza entre dos naciones. Hay indicadores como, el ingreso per cápita o las mediciones estadísticas, como acceso a la educación superior, salario promedio, o indicadores de calidad, como esperanza de vida y mortalidad infantil, que son utilizados para ese fin. Pero todos ellos tienen sus problemas. Los índices de paridad del poder adquisitivo resultan interesantes porque miden cuánto podemos comprar con una hora de trabajo, lo que nos brinda una visión muy interesante de los ingresos y los costos en cada país, medidos con respecto a bienes homogéneos.

El diario español El País, ha publicado el índice de la entidad financiera suiza UBS, en el cual se mide la paridad del poder adquisitivo en un número importante de ciudades de mundo. Se relaciona, entonces, cuántas horas de trabajo se requieren para adquirir cuatro tipos de bienes: una Big Mac, un kilo de arroz, un kilo de pan y, como novedad, se incluye un IPhone, el popular teléfono de Apple.

Los resultados muestran que en Zurich, la metrópoli con mayor poder adquisitivo, se requieren 11 minutos de trabajo para comprar una Big Mac, 5 minutos para un kilo de pan o de arroz. Para adquirir un IPhone, se necesita trabajar 21 horas.

En Bogotá, para poder comprar un Big Mac, tenemos que trabajar 35 minutos, o sea tres veces más que en Zurich, 18 minutos para obtener un kilo de pan o de arroz, y 144 horas para poder adquirir el IPhone, lo que significa siete veces más tiempo de trabajo para el mismo bien de tecnología.

Hay que tener cuidado cuando se interpretan estos resultados, pues el valor de los bienes en los mercados domésticos pueden variar por efecto de los impuestos y otros cargos, que no son homogéneos en todos los países. Pero aún así, la medición, en términos de poder adquisitivo, es un indicador interesante que hay que utilizar con precaución.

Producto de la acelerada devaluación de los últimos meses, Colombia se ha empobrecido, si nos medimos en un indicador como es el valor de nuestra producción o nuestro ingreso, calculados en dólares de Estados Unidos. El Gobierno afirma que, por primera vez, la clase media supera a la clase baja. Claro que la definición de clase media es la que gana más de cuatro dólares al día, lo que resulta ridículo, pues un grupo significativo de ellos se encuentran en condiciones de vulnerabilidad, que fácilmente lo hace regresar a la pobreza.

La pregunta es si nos hemos empobrecido o nos hemos sincerado. Años de buenos ingresos petroleros nos dieron la sensación de liquidez propia de quien se gana una lotería. La pregunta es si utilizamos bien esos recursos para generar condiciones estables para seguir incrementando nuestra prosperidad. La evidencia demuestra que el país generó una peligrosa dependencia de las exportaciones de petróleo y minería. Mientras tanto, se debilitaron la industria y la agricultura, verdaderos generadores de valor agregado y riqueza.

Lo único peor que ser pobre es creerse rico, sin serlo. Muchos se comieron el cuento de que Colombia había despegado, pudiendo permitirse niveles de gasto público y consumo privado irreales. La situación actual sincera nuestra realidad.

Miguel Gómez Martínez

Asesor económico y empresarial

migomahu@hotmail.com

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