Miguel Gómez Martínez

Encrucijada

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
septiembre 02 de 2015
2015-09-02 02:10 a.m.
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No deben ser muchos los que quieren aspirar al Ministerio de Hacienda. La política económica ha ido perdiendo espacio de maniobra y hoy se sitúa en una muy incómoda encrucijada. Ni en el campo monetario, ni en el fiscal, y menos en el cambiario, hay margen para medidas anticíclicas.

El tema cambiario es el que ocupa todos los titulares, pues el ritmo de devaluación ha sido acelerado y no existe claridad sobre lo que puede suceder en lo que resta del año. Con un déficit de la cuenta corriente de 7 por ciento del PIB, hay quienes apuestan a un dólar a 3.500, mientras otros sugieren una tasa más cercana a 2.800 para el cierre del 2015. Dado que la deuda externa es de 106 mil millones de dólares, la devaluación golpea las finanzas públicas en el rubro del servicio de las obligaciones públicas. Los mayores ingresos fiscales en pesos, relacionados con las exportaciones de productos energéticos y mineros, se ven, a su vez, afectados por el estancamiento de los niveles de producción de petróleo y carbón. Este ciclo está castigando con dureza a las materias primas, en las que Colombia tiene una enorme dependencia.

En el plano monetario, la situación es aún más estrecha. Con una inflación de 4,6 por ciento, bien por encima del objetivo fijado por el Emisor del 3 por ciento, no hay espacio ni siquiera para mantener el nivel actual de la tasa de interés. La reciente decisión del Banco de la República de no modificar el costo del dinero dividió a la junta, en la cual, con seguridad, estuvieron presentes temas como la posibilidad de que la Reserva Federal inicie la muy anunciada alza de los tipos de interés, o el impacto que tendrá la devaluación sobre los precios de los bienes importados.

En lo fiscal, la situación es la más grave. El Gobierno acierta al mantener los objetivos de la regla fiscal que le fija límites al déficit. Pero es inevitable un menor recaudo, derivado del menor crecimiento económico. Una nueva reforma tributaria debilitaría aún más la demanda. Se escuchan voces sugiriendo limitar la exención de las fundaciones y organizaciones sin ánimo de lucro. También están los partidarios de imponer tributos a los dividendos accionarios. Algunos sugieren que lo fácil sería aumentar el IVA. Pero cualquiera de las opciones traería costos políticos elevados y enviaría un mensaje negativo a los inversionistas nacionales e internacionales. Hay un consenso de que el sistema tributario colombiano es uno de los más ineficientes, inequitativos y distorsionantes del mundo. El trabajo de la Comisión de Expertos, nombrada por el Gobierno, avanza, pero la urgencia de nuevos recursos es superior a la dinámica de los técnicos y, sobre todo, a la voluntad del Congreso.

¿Por qué el Gobierno está atascado en esta encrucijada? La razón fundamental es la incapacidad de decir no a las infinitas solicitudes de los grupos de presión. Obsesionado por mantener su endeble popularidad, compromete recursos que no dispone para satisfacer a los voraces parlamentarios, a los gremios que lo extorsionan, a los empresarios amigos que se creen intocables, mientras que cede a las solicitudes irracionales de La Habana. Una política sin opciones es una mala política económica.

Miguel Gómez Martínez

Asesor económico y empresarial

migomahu@hotmail.com

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