Miguel Gómez Martínez

Estadísticas y populismo

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
octubre 16 de 2013
2013-10-16 02:39 a.m.
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El mayor enemigo de un régimen populista son las estadísticas. Venezuela y Argentina son buenos ejemplos. A pesar de toda la propaganda oficial, la inflación en el vecino país está por encima del 48 por ciento anual, un verdadero récord mundial en estos tiempos de bajos precios globales. Algo similar sucede en Argentina, donde no hay cifras oficiales de inflación, pues contradicen los éxitos que el Gobierno proclama. Cuando a ciertos gobiernos no les sirven las estadísticas, en vez de cambiar las políticas, cambian las cifras.

Por ello es muy grave lo que aconteció recientemente con la renuncia simultánea del director y el subdirector del Departamento Nacional de Estadística (Dane). En su carta de retiro argumentaron que era técnicamente inconveniente realizar el censo agropecuario en pleno periodo electoral. Con un carácter poco frecuente en las instancias oficiales, los dos altos funcionarios plasmaron su desacuerdo con la estrategia gubernamental y prefirieron dejar sus cargos.

El censo agropecuario es un ejercicio estadístico complejo. Requiere una amplia cobertura geográfica y tiene todas las particularidades de nuestro diverso universo rural. Recolección, tratamiento y análisis de la información no serán tareas fáciles, mucho menos si se tiene en cuenta el delicado ambiente, luego de los recientes paros agrarios que afectaron buena parte del país. Por ello resultan muy sospechosos el interés y la insistencia del Gobierno en realizar el censo en pleno periodo de elecciones. El censo tiene un presupuesto estimado de 280 mil millones de pesos y requerirá más de 20.000 contratos de encuestadores. Es demasiado dinero y muchos puestos para despertar el apetito desenfrenado de los políticos de la Unidad Nacional. Con toda la razón, el Director del Dane temió que su despacho se convirtiese en un monumental recolector de miles hojas de vida de recomendados por senadores y representantes, como sucede en tantas otras entidades del Gobierno como el ICBF, el Sena, los institutos del Ministerio de Agricultura, las superintendencias, las embajadas, los consulados y demás. Como es bien sabido, los recomendados solo reciben instrucciones de sus padrinos políticos. Por eso, realizar un ejercicio técnico como el censo con personal no idóneo era un reto que el Dane no podía asumir con eficiencia.

Pero para el Gobierno la tentación de contar con este espacio clientelista para oxigenar la maquinaria regional en plena etapa de elecciones puede ser demasiado fuerte. Bien distribuidos, esos 20 mil contratos tendrían un impacto electoral muy importante en ciertas regiones donde el Gobierno no goza de popularidad. Pero el problema más grave es el riesgo para la credibilidad y transparencia de una entidad como el Dane, que debe estar por encima de toda duda. La confianza en las cifras económicas es vital para el manejo macroeconómico, pero tiene también un alto impacto en todos los sectores productivos y empresariales. A pesar de sus debilidades institucionales, el Dane es una entidad que nadie cuestiona y que ha logrado mantener, hasta el momento, su autonomía frente a las tentaciones de los gobiernos de turno.

Entregar al clientelismo el prestigio del Dane sería un grave error.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

representante@miguelgomezmartinez.com

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