Miguel Gómez Martínez

Evaluación por resultados

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
febrero 23 de 2016
2016-02-23 11:57 p.m.
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La gran diferencia entre la gerencia pública y la privada es la importancia de evaluación por resultados. En el sector privado cuando no hay resultados positivos se cambian las estrategias y los directivos. Un CEO de una de las primeras mil empresas de los Estados Unidos permanece en su cargo menos de cuatro años en promedio. No siempre las salidas son justas, pero es la ley implacable de los resultados. En el sector público colombiano las cosas son diferentes.

Las cifras del comercio exterior en Colombia son alarmantes. En el 2015, las exportaciones disminuyeron en un 34,8% por ciento con un histórico déficit comercial de 15,907 millones de dólares. Cayeron todos los grandes agregados: combustibles (-47,1%), agropecuarios y alimentos (-5,6%), manufacturas (-11%) y otros. Es evidente que el derrumbe de nuestras exportaciones está muy ligado al precio internacional del petróleo, algo sobre lo que tenemos muy poco control.

No olvidemos que, antes de la caída del Producto Interno Bruto, el 75 por ciento de nuestras exportaciones eran petróleo y carbón. La dependencia de estos dos productos no generó, oportunamente, estrategias para disminuir la dependencia de los hidrocarburos. Las exportaciones no tradicionales, que representaban el 50 por ciento del total exportado a principio del siglo, pasaron a una porción marginal. El déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos (6,7% del PIB), el más elevado del mundo, es el mejor indicador de la incapacidad de desarrollar un potencial alternativo exportador.

En inversión extranjera los resultados también son inquietantes. Durante años nos preciábamos del valor total de recursos que llegaban al país, aunque la inmensa mayoría estaban relacionados con el sector minero-energético. Los montos netos (inversión directa más portafolio) caen significativamente (-43,1% de enero a octubre de 2015), cuando necesitamos más ingresos de capitales para compensar el déficit comercial.

Según el Gobierno, en todas partes del mundo los inversionistas hacen fila para invertir en Colombia atraídos por el exitoso manejo económico y las perspectivas del proceso habanero. El problema es que las cifras de inversión extranjera neta registran una estrepitosa caída (-59% en enero), contradiciendo el discurso oficial.

Una entidad tiene un papel protagónico en la promoción de exportaciones y de inversión extranjera: ProColombia. Cuando las exportaciones aumentaban por los altos precios del petróleo y llegaba inversión extranjera relacionada, sacaban pecho por la exitosa gestión. Cuando caen los dos rubros, es culpa de la coyuntura internacional. Muy en el estilo soberbio de este Gobierno, los triunfos son propios y los fracasos son culpa de otros.

¡Sólo falta que también sea culpa de Uribe la caída del precio del bruto!

La verdad es que el país no es competitivo por la elevada presión fiscal, la inestabilidad jurídica, la pobre infraestructura, la débil relación entre tecnología y empresa, el fracaso de la formación para el trabajo y la incertidumbre que genera un proceso de paz.

Pero también la estrategia de promoción de exportaciones e inversión está agotada, burocratizada, politizada y anémica de creatividad. Menos gasto en cambios de nombre, en imagen y publicidad, y más trabajo en análisis estadístico, segmentación de mercados, análisis de costos comparativos y promoción de proyectos que generen economías de escala es lo necesario.

Porque si se trata de evaluación por resultados, las cifras no son buenas.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com

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