Miguel Gómez Martínez

‘Frases de cajón’

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
mayo 22 de 2013
2013-05-22 01:00 a.m.
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La pobreza del análisis permite acuñar ‘frases de cajón’. Nos referimos con este término a expresiones que son falacias, en otras palabras verdades a medias que terminan por convertirse en dogmas.

La economía está llena de ellas. Son verdaderos bloqueos mentales que, a fuerza de repetirse, se transforman en postulados inamovibles. Thomas Sowell, profesor de Cornell, UCLA y Stanford, ha escrito un magnífico texto (Economic Facts and Fallacies, Basic Books, 2011) sobre estos argumentos que pululan en las discusiones económicas.

Una de las más frecuentes falacias es ‘la defensa de la público’. Luego de un proceso de privatización siempre aparecen los argumentos a favor de la promoción de empresas públicas frente a la codicia desenfrenada de la lógica empresarial. Que existen sectores privados que abusan como el financiero o el de telecomunicaciones, no tiene duda. Pero que ello se traduzca automáticamente en una reivindicación de las empresas públicas es una falacia.

Nuestra historia tiene demasiados ejemplos de entes oficiales corroídos por sindicatos voraces, corrupción interna y desgreño administrativo, como Telecom, Edis, Ferrocarriles Nacionales, Colpuertos, Caprecom, ISS, y la lista es larga.

Otra falacia es la defensa a ultranza del minifundio como forma de explotación agrícola. Los dogmáticos de la reforma agraria siguen insistiendo en que el latifundio es la causa de todos los males del campo. Que en nuestro país haya un enorme desperdicio de potencial agrícola es un hecho incontrovertible, pero ello no significa que el minifundio sea un esquema óptimo de producción. Puede haber minifundios eficientes, pero están limitados a ciertos productos, en algunas geografías y con un tejido de apoyo estatal e institucional sólido.

Por el contrario, dada la topografía de buena parte del país, la débil infraestructura y la obsolescencia de los modelos de comercialización, el minifundio es en Colombia la principal explicación de la pobreza rural.

Falacia grande es que los subsidios son siempre buenos. El auxilio puede ayudar, de manera temporal, a corregir un desbalance del mercado que afecta a sectores vulnerables de la sociedad.

Pero el subsidio permanente lo único que hace es generar distorsiones que favorecen a los más pudientes. No es de extrañar que los mayores demandantes de subsidios sean los gremios de la producción que no están compuestos por los eslabones más débiles de la sociedad.

Falacia es que ‘la salud no tiene precio’.

Es olvidar que tiene un costo, cada día más alto por efecto del aumento de la esperanza de vida y el avance científico. La idea de que la salud es un derecho absoluto es insostenible por los modelos productivos.

Todos los países que han recorrido este camino enfrentan hoy problemas fiscales profundos que los tienen en graves problemas de crecimiento y estabilidad. Los que proponen un modelo centralizado de gestión de la salud parecen no entender que uno de los elementos del contrato social es definir cuál es el nivel de atención médica que una sociedad está dispuesta a garantizar y financiar.

“De verdades a medias se construyen las grandes mentiras”, dice una frase de un sabio. Falacias son mentiras que parecen verdades.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

representante@miguelgomezmartinez.com

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