Miguel Gómez Martínez

Gangrena

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
octubre 23 de 2012
2012-10-23 10:54 p.m.
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Una parte importante de la crisis de los países ricos la están pagando los pobres. En un hecho sin precedentes en la historia económica, las gigantescas emisiones monetarias de la Reserva Federal de Estados Unidos y del Banco Central Europeo han debilitado de manera permanente la paridad cambiaria del dólar y el euro con la mayoría de las monedas de los países emergentes.

La competitividad se ha resentido, pues les resulta mucho más difícil a naciones como Brasil, China, México o Colombia vender sus productos en los mercados avanzados.

Por este mecanismo, una parte de los desequilibrios de los países desarrollados termina siendo pagado con empleos que se pierden en nuestras economías.

En la última asamblea anual del Fondo Monetario Internacional, en Tokyo, Brasil reclamó abiertamente por la devaluación del dólar y el euro.

La utilización de estímulos monetarios sin límites no solo genera condiciones artificiales de competitividad para los países en crisis, sino que amenaza con generar en el futuro un fenómeno inflacionario que también terminaría afectando a los más pobres.

Las críticas del Ministro de Finanzas de Brasil fueron desestimadas por los medios, pero no por ello dejan de ser válidas.

Los expertos prefieren depositar toda su confianza en las absurdas medidas monetarias adoptadas en Washington y en Frankfurt, así sus resultados hayan sido hasta el momento muy decepcionantes.

En el fondo, como siempre sucede, triunfó la política por encima de la teoría económica.

En un año electoral, Obama no tomará ninguna medida que afecte las posibilidades de ser reelecto. Sabe que cualquier decisión de austeridad pondría en peligro su futuro político en noviembre.

Por ello, respalda las agresivas emisiones monetarias propuestas por Ben Bernanke.

En Europa, la situación es similar.

Los alemanes han sido los únicos sensatos en este proceso buscando frenar el desbarajuste monetario, pero son conscientes de que la debilidad de la economía europea afecta sus exportaciones y también comprometería el futuro político de Angela Merkel.

Algunos dirán que con las medidas monetarias extremas se está evitando lo peor.

Se afirma que no existe alternativa de política económica distinta a la emisión masiva.

Ello no es cierto, puesto que, a medida que avanza el problema, las planes de austeridad se hacen inevitables. Irlanda, Portugal, España y las demás naciones europeas están tomando el trago amargo que habían querido ignorar esperando los rescates monetarios. Austeridad habrá, así los políticos no lo quieran.

Pero la medicina será aplicada luego de las elecciones para no comprometer sus posibilidades. Como un enfermo de gangrena, el médico quiere evitar amputar el miembro afectado, pero corre el riesgo de que la infección termine por matar al paciente.

Lo triste de esta historia es que los años de derroche que vivieron los ricos en Estados Unidos y Europa terminan siendo pagados con los empleos de las mujeres que cultivan flores en Colombia, los puestos de trabajo de los obreros brasileños o por los trabajadores de las empresas en el norte de México.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

representante@miguelgomezmartinez.com

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