Miguel Gómez Martínez

Una guerra de verdad

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
agosto 05 de 2015
2015-08-05 04:01 a.m.
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Detrás de la caída del precio internacional del petróleo hay una guerra económica de proporciones mayores. Existen razones estructurales para que el precio esté en niveles muy inferiores a los de los últimos años. El menor crecimiento de la economía china es uno de ellos, pero también ha jugado un papel importante el desarrollo de nuevas fuentes energéticas, derivadas de los procedimientos de la fracturación hidráulica y el recurso al gas de esquisto. Como consecuencia, Estados Unidos ha dejado de ser el primer importador de petróleo para cederle ese lugar a China.

La independencia económica de Estados Unidos es un hecho de gran importancia geopolítica. Desde antes de la Segunda Guerra Mundial, la diplomacia estadounidense estuvo subordinada a la protección de los intereses energéticos en el Oriente Medio. Y esta situación se complicó más con la creación del Estado de Israel en 1948. Defender la supervivencia de Israel y garantizar un abastecimiento permanente de petróleo ha sido el acertijo de Estados Unidos en la región. Lo ha llevado a asumir costos políticos y militares enormes, jugando un papel ambiguo y contradictorio en el desarrollo del grave problema del extremismo musulmán.

Si Estados Unidos deja de depender del petróleo del Medio Oriente, el equilibrio geopolítico del planeta se modifica. Los grandes productores de crudo del golfo Pérsico son conscientes de este reto. No en vano, a medida que EE. UU. tiene menos dependencia energética de la región, puede, por ejemplo, flexibilizar su posición diplomática y buscar acuerdos con sus enemigos, como Irán, un país determinante en el equilibrio de esta parte del mundo. También, por las mismas razones de tipo económico, Estados Unidos se ha dado el lujo de ignorar la larga crisis política de Venezuela, uno de sus abastecedores tradicionales de petróleo. La menor dependencia del hidrocarburo le ha recuperado un inmenso margen de maniobra y flexibilidad a la diplomacia estadounidense.

Por eso, es poco probable que el precio del crudo repunte en los próximos años. Los árabes quieren torcerle el brazo a productores que utilizan la tecnología de la fracturación hidráulica, manteniendo los precios bajos, pues los costos de estas nuevas técnicas siguen siendo elevados. Aunque es muy posible que se equivoquen, porque la superioridad tecnológica de Estados Unidos está encontrando formas de reducir los costos del fracking. Pero además, es un eje estratégico de la política exterior de la primera potencia del planeta. Por ello, los estadounidenses se jugarán su carta hasta que las energías del fracking sean rentables, con precios del petróleo mucho más bajos.

Esta guerra económica es un hecho trascendental en la historia moderna. Estados Unidos ha respondido a un reto de mercado con la fuerza del espíritu capitalista: innovación y tecnología. Mientras el debate ambiental sobre el uso de estas nuevas técnicas sigue abierto, y cada vez más politizado, los países que le apostaron al petróleo pasan las duras y maduras. Estados Unidos ha integrado, como debe ser, sus intereses políticos con sus capacidades económicas para fortalecer su presencia internacional.

Mientras todo esto sucede, en Colombia seguimos castigando al sector energético con impuestos, burocracia, inseguridad y corrupción. Poco entendemos de esta guerra económica que se libra delante de nuestros ojos.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com
 

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