Miguel Gómez Martínez

No hay fondo

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
septiembre 17 de 2014
2014-09-17 03:21 a.m.
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“¿Cuándo tocaremos fondo?”. Esta es una frase muy frecuente en las conversaciones colombianas. La idea es que, luego de un largo periodo de decadencia, vendrá un repunte, en el cual todo será mejor. He terminado por creer que esta actitud es la que explica por qué las cosas no avanzan. Es esta espera pasiva de que suceda lo necesario e inevitable lo que nos impide progresar. Primero hay que tocar fondo y esperamos este momento sin entender que el futuro depende de lo que hagamos o dejemos de hacer hoy.

Cuando se analiza la situación de ciertos temas nacionales y la evolución de algunos países, parece como si el fondo no existiese. Basta ver el sistema judicial colombiano, incapaz de investigar, procesar y castigar con severidad a los Nule o a los Moreno.

U observar, año tras año, cómo los parlamentarios desvían recursos para financiar sus campañas y enriquecerse a costa de los impuestos. No hay fondo cuando vemos la pésima calidad de las vías o el lamentable estado de nuestras calles. Cualquiera que viva en Bogotá puede preguntarse qué tan lejos está el fondo, luego de los desastrosos doce años de alcaldías de la izquierda. Cada día se profundiza el caos en la ciudad, lo que hace peor nuestra vida cotidiana.

Lo mismo deben preguntarse los venezolanos, un país que confirma que el fondo no existe. Pareciera como si cada caída abriera un nuevo espacio para la decadencia. Los argentinos, condenados a siglos de populismo, deben sentir la misma frustración al constatar que su nación lleva sesenta años decayendo y la caída no parece tener fin.

Los europeos, agobiados por el elevado desempleo, el bajo crecimiento y los problemas sociales, llevan décadas buscando ese fondo, donde cambiaría su destino y recuperarían el lustro que tanto han perdido.

Valdría la pena señalar que tocar fondo no garantiza salir del hoyo. Permanecer en el fondo también es posible, como lo confirma la larguísima crisis económica de Japón. Por ello, el tema de tocar fondo no es necesariamente un escenario positivo. Hay numerosos ejemplos históricos de periodos de caída seguidos de largas fases de estancamiento.

Los colombianos sentimos que, luego de años de deterioro de la seguridad, el país recuperó la esperanza en los años de la Seguridad Democrática. Parecía como si la larga noche por la que habíamos pasado quedaba atrás y se iniciaba una nueva era de mejoría y progreso. Esa sensación de optimismo, según los sondeos de opinión, se ha debilitado en los últimos años producto del deterioro de la seguridad y la fatiga que produce el incierto proceso de paz.

Un país que espera tocar fondo tiene pocas posibilidades de salir de la crisis. La actitud pasiva, sin reacción colectiva, agrava los problemas. Solo cuando entendamos que podemos permanecer indefinidamente en la decadencia, tal vez reaccionemos y pongamos los pilares de ese nuevo país que tanto esperamos, pero que no empezamos a construir. El cambio no se produce espontáneamente, es producto de un esfuerzo colectivo por cambiar nuestra realidad.

El fondo no existe. Tocar fondo es una decisión de todos.

Miguel Gómez Martínez
Profesor del Cesa
migomahu@hotmail.com


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