Miguel Gómez Martínez

Icfes y calidad educativa

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
abril 02 de 2014
2014-04-02 03:32 a.m.
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Como cada año, en dos sesiones diferentes, se llevan a cabo las pruebas Saber 11, conocidas como el examen del Icfes. Para los estudiantes que quieren acceder a la educación superior el examen se ha convertido en un referente obligado en los procesos de admisión universitarios. En ciertas carreras muy solicitadas, un mal resultado en la prueba puede cerrarle la puerta a un aspirante. En ocasiones, estudiantes que han tenido buenos promedios a lo largo de sus años de educación secundaria pueden obtener puntajes bajos que no reflejan su capacidad académica.

El Icfes tiene la virtud de generar un estándar relativamente homogéneo de evaluación que es utilizado por los centros de educación superior. Claro que las diferencias son notorias. No son iguales los colegios de calendario B, en los cuales se encuentran la mayoría de los colegios privados y los bilingües, y los de calendario A, en los que la mayoría son públicos. No es igual un colegio mixto que uno que no lo sea. No es lo mismo un liceo de una zona rural y uno urbano; no es igual un colegio de Bogotá, Cali o Medellín, que uno de otra capital.

En el fondo, las diferencias en la calidad de la educación reflejan las inequidades de esta sociedad. Un estudiante de un colegio público de bachillerato de un pueblo, tiene menos posibilidades de recibir una educación de calidad que uno que vaya a uno público de una gran capital, y los dos tienen menos acceso que un alumno de un colegio privado bilingüe de Bogotá, Cali o Medellín.

Así como el Icfes ha sido positivo para intentar homogenizar –de manera imperfecta– los criterios de admisión a las universidades, ha tenido un mal impacto sobre los colegios. Existe, sin duda, una correlación entre los promedios de las promociones y la calidad de los planteles. Pero la publicación de los resultados de los estudiantes de grado 11 se ha convertido en una obsesión competitiva para muchos colegios, que están dispuestos a forzar e intoxicar a sus alumnos para obtener los mejores puntajes. Los modelos educativos terminan dándole un excesivo peso a desarrollar la habilidad de responder cuestionarios de opción múltiple.

Pero más allá de las virtudes o defectos de la prueba Saber 11, lo que es claro y poco cuestionable es que la calidad de los graduandos de secundaria ha disminuido de manera constante en los últimos lustros. Quienes adelantamos labores docentes, vemos con angustia el deterioro de la calidad de los bachilleres. Las habilidades básicas (lectura comprensiva, escritura, razonamiento matemático, búsqueda de información relevante, trabajo en equipo) se han venido abajo. Muchas universidades deben ofrecer cursos de nivelación en temas como redacción, ortografía, cálculo básico o técnicas de investigación bibliográfica para lograr suplir las falencias de la secundaria. Si tenemos en cuenta que el conocimiento de una profesión se modifica en la actualidad cada siete años, podemos valorar la magnitud del retraso que hemos acumulado en términos de calidad académica.

El examen del Icfes muestra unos resultados, pero la evidencia empírica confirma que la calidad de nuestros bachilleres deja mucho que desear.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

representante@miguelgomezmartinez.com

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