Miguel Gómez Martínez

Mantenimiento o desgreño

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
mayo 07 de 2014
2014-05-07 12:48 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/05/56b4c55d1afeb.png

Sí en algo se diferencia un país desarrollado de uno en vías de desarrollo es en la importancia que se le asigna al concepto de mantenimiento.

Este es, contablemente, un gasto. Pero, desde el punto de vista económico, es una inversión que permite proteger el valor de los activos en el tiempo. Cuando no hay mantenimiento, el deterioro, producto del uso o del tiempo, les hace perder valor a los bienes que tanto ha costado adquirir.

Viajar por cualquier carretera nacional confirma lo costoso que resulta no realizar pequeñas inversiones de mantenimiento.

Limpiar las alcantarillas de las vías evita que el agua genere daños mayores. Corregir los huecos cuando son tan solo fisuras es mucho más barato que repavimentar.

Cambiar las señales de tránsito, limpiar los separadores o mantener las líneas pintadas mejora la seguridad y agiliza la movilidad.

En Bogotá no hay un metro de pared, ni estación de Transmilenio, ni objeto de inmobiliario público que no esté pintado con grafitos o esté deteriorado.

La ciudad parece sucia, abandonada y caótica. Los parques públicos dan pena, y toda infraestructura estatal parece un muladar.

Mucho se ha escrito sobre la importancia social que tiene la estética. Cuando el ciudadano ve los activos públicos destruidos, contribuye a su deterioro. Cuando percibe que están conservados, en buen estado y limpios, tiende a modificar su comportamiento y eleva su cultura ciudadana.

Antes de las últimas tres administraciones distritales, los bogotanos tuvimos un tiempo en el que veíamos progresar la ciudad, y ello nos llenaba de orgullo. No teníamos metro, pero Transmilenio nos producía el mismo placer que a los paisas su tren metropolitano.

Pero el abandono de la inversión pública, el deterioro del mantenimiento de los carriles y las estaciones, sumado a la congestión, han alejado a los bogotanos de su infraestructura pública de transporte, que hoy es objeto de fuertes críticas. Transmilenio es un buen sistema de movilidad, pero está mal gerenciado y conservado.

En Colombia, todas las inversiones públicas adolecen de mantenimiento. Basta ver el estado lamentable de las universidades públicas, las oficinas gubernamentales o los juzgados, para evidenciar lo poco que invertimos en este rubro.

Mantener no es solo una decisión inteligente, sino además es rentable.

Al visitar un país desarrollado se percibe la importancia que se le da al preservamiento de las vías, las catedrales, los teatros, los parques y edificios públicos.

Si la Torre Eiffel estuviese en Colombia, hace décadas que habría desaparecido. El mantenimiento aumenta la vida útil y permite disfrutar de los bienes por largo periodos.

Cuando hay buen mantenimiento los gastos pueden repartirse en periodos de tiempo largos. Pero cuando no se prevén las intervenciones preventivas, sucede lo que relata

El Tiempo en su edición del 4 de mayo, cuando afirma que para salvar la zona T de Bogotá, solo se requiere repavimentar las vías, mejorar la seguridad, recuperar el espacio público, meter en cintura los ‘amanecederos’, regularizar la movilidad, invertir en parquederos, erradicar los expedendores de droga etc., etc.

Porque, cuando no hay mantenimiento, lo único que queda es el desgreño.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

representante@miguelgomezmartinez.com

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado