Miguel Gómez Martínez

Miopía

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
octubre 29 de 2014
2014-10-29 06:06 a.m.
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La miopía es un error refractivo que impide ver con claridad los objetos que se encuentran a distancia. Los miopes, si no tienen los lentes correctivos, distinguen con mucha dificultad aquello que está lejos, pues se presentan como manchas y formas difusas.

Existe la miopía económica, que permite distinguir los fenómenos actuales, pero impide ver aquellos que se vislumbran en el futuro. Ejemplos sobran de este defecto, que nos hace tomar decisiones en el presente sin entender que las dinámicas del mañana pueden cambiar completamente la situación. La miopía económica afecta a los empresarios, a los ciudadanos y, sobre todo, a los gobiernos.

Cuando ejercemos nuestro derecho como ciudadanos nos dejamos deslumbrar por el corto plazo. Las propuestas, especialmente las demagógicas, tienen el poder de nublar nuestra visión para impedirnos ver las consecuencias de mediano y largo. Los venezolanos han aprendido, con mucho dolor, el costo de creer en discursos que prometen ríos de miel y que han conducido la economía más rica del subcontinente a niveles de escasez inimaginables. Lo mismo pueden decir los argentinos, campeones mundiales de la destrucción de riqueza, o los bogotanos, que transformaron su metrópoli en un lugar sin calidad de vida, inseguro, sucio y caótico.

Los empresarios también sufren de miopía. Cuántos siguen sin entender que todos los mercados son hoy en día globales y que, por lo tanto, es imposible evitar la competencia. Muchos siguen esperando que barreras arancelarias y subsidios compensen la falta de inversiones productivas o de tecnologías de punta. Sobran aquellos que creen que es con salarios de hambre y bajos presupuestos de capacitación como se puede competir en el largo plazo. Signo de miopía es la incapacidad de ver las burbujas que se van inflando, como sucede desde hace meses con los precios de la construcción en ciertas ciudades del país o los que creen que la inflación nunca regresará y que siempre habrá liquidez abundante.

Pero los más miopes son los gobiernos, a los que siempre les interesan más los sondeos de opinión que las transformaciones reales. Treinta años de retraso tiene Colombia en infraestructura y todavía somos incapaces de emprender las grandes obras que necesitamos para poder crecer. Se anuncia que este año tampoco se cumplirá la modesta meta de construir de 300 kilómetros de doble calzada, que, no sobra recordar, no son autopistas. Miopía la de tantos gobiernos que, mediante reformas tributarias de urgencia, han creado un estatuto impositivo absurdo, inequitativo y que castiga a los mismos, favorece a los mismos, fomenta la informalidad y desestimula el emprendimiento. Miopía es no entender que asumir el costo político presente de esa reforma estructural despejaría el futuro económico del país.

Al igual que en la vida personal, en la gerencia empresarial o en la dirección de la economía, es necesario planear y prever los cambios que se avecinan. Valorar el costo futuro de tomar o no tomar las decisiones adecuadas es lo que permite enfrentar con éxito la incertidumbre. Tal vez deberíamos someternos, ciudadanos, empresarios y, sobre todo, políticos a un examen de optometría para corregir nuestra miopía colectiva.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

migomahu@hotmail.com


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