Miguel Gómez Martínez

‘Paganinis’

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
abril 29 de 2015
2015-04-29 12:27 a.m.
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¿Por qué tantos productos son caros en Colombia? ¿Por qué existen diferencias notorias entre los precios internacionales y los nacionales? La teoría económica concluye que mientras más abiertos y competitivos sean los mercados mejor será para el funcionamiento de la economía. Un mercado de competencia es la mejor forma de garantizar que el consumidor reciba los beneficios en términos de reducción de costos, economías de escala y mayor eficiencia tecnológica. Solo este tipo de mercados maximiza el beneficio para el comprador, logrando mejores precios y calidades.

Colombia es un país en el cual abundan todo tipo de mercados imperfectos. La mayoría de los servicios públicos básicos son de carácter oficial y, por lo tanto, tienen la característica de ser monopolios locales. En los servicios públicos que son privados, como el servicio de celular o el transporte aéreo, los oligopolios predominan. En otros casos, se trata de restricciones de índole regional, donde ciertas marcas ejercen un predominio que reduce el impacto de la competencia. Hay ineficiencias de la economía, por ejemplo el costo del transporte interno, que constituye un sobrearancel y erosiona la competencia de productos foráneos. Están las barreras de entrada a los mercados, muchas de ellas impuestas por las reglamentaciones o permisos estatales, que impiden que nuevas empresas ofrezcan bienes y servicios en los mercados. Hay barreras políticas como las que han frenado la existencia de un tercer canal de televisión. Existen impuestos que encarecen desmedidamente el precio final de los productos. Y están las barreras económicas, derivadas del restringido tamaño de nuestro mercado, que no permiten que las economías de escala operen.

A muchos no les interesa que aumente la competencia. Los gremios tienen como función principal obtener del Gobierno medidas legales restrictivas, subsidios o precios mínimos que reduzcan el ámbito de la competencia. Están los acuerdos ocultos, los carteles de precios y la distribución de mercados que garantizan que los precios no bajen o que las opciones disponibles para el consumidor no sean tan amplias. En este campo, las recientes investigaciones de la Superintendencia de Industria y Comercio han demostrado la proliferación de todo tipo de abusos por parte de los empresarios para burlar las leyes de la competencia. Pero son todavía demasiadas las áreas en las que la existencia de mercados imperfectos solo se traduce en mayores costos para el comprador.

Una economía como la colombiana tampoco puede ignorar mecanismos de restricción de la competencia como los derechos de propiedad intelectual, las normas sindicales, la proliferación de tarjetas profesionales, las barreras asociadas con la implementación de nuevas tecnologías o las que son derivadas de los tratados internacionales de comercio. Todas estas realidades legales contribuyen, aún más, a limitar la competencia. No es, entonces, de extrañar que, a pesar de la apertura de la economía, muchos bienes y servicios sean todavía hoy mucho más baratos en el exterior que en Colombia. Los ‘paganinis’ de esto son siempre los mismos: los consumidores. Es el evidente reflejo de tantos y tantos mercados imperfectos.

Algunos creen que estar a favor de la libertad económica significa defender las empresas. Se equivocan, la libertad debe ser la de los mercados, que son los que pueden garantizar la eficiencia de la economía.

Miguel Gómez Martínez

Asesor económico y empresarial

migomahu@hotmail.com

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