Miguel Gómez Martínez

El palo y las cucharas

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
agosto 28 de 2012
2012-08-28 11:43 p.m.
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En medio de las dificultades de la economía mundial, navega la economía colombiana.

El trabajo del equipo económico ha sido prudente y los resultados, hasta el momento, han sido positivos.

La economía es una de las áreas en las que el Gobierno actual obtiene una buena evaluación.

En una de sus últimas declaraciones públicas, el saliente ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, señaló que el Gobierno no pensaba presentar el proyecto de reforma tributaria a consideración del Congreso para no generar incertidumbre entre los inversionistas internacionales, en un momento en que la economía mundial atraviesa por una grave crisis.

Como en el adagio popular, la afirmación del exministro refleja que “el palo no está para cucharas”. Los nubarrones externos son tan negros que no conviene atraer tempestades a Colombia.

En economía, la prudencia es una escasa virtud y, por lo tanto, debemos estimar que el equipo económico considera que existen otras prioridades de acción que no generarían ansiedad en los inversionistas preocupados por una crisis global que no cede.

Dos conclusiones se deducen de la posición del Gobierno.

La primera de ellas es que el proyecto que la Dian viene preparando en secreto desde hace dos años no será favorable para los empresarios.

Si las autoridades anticipan que la reacción de los capitalistas será negativa, pues se deduce que las propuestas no deben ser, en líneas generales, convenientes para el sector privado.

Dado el carácter regresivo y anacrónico de nuestra estructura tributaria, es muy probable que se incluyan provisiones que, como lo afirmó el Jefe del Estado hace algunos meses, harán “chillar” a los empresarios.

Habrá desmonte de exenciones y beneficios que no complacerán a muchos.

El Gobierno prefiere dejar este trago amargo para un momento en que la coyuntura internacional no sea pesimista. No hay que perturbar aún más la confianza inversionista.

La segunda, que se deriva de la posición del Gobierno, es que los efectos negativos de la crisis internacional están golpeando a nuestras puertas y que el panorama es preocupante.

Con un peso fuerte, unos mercados internacionales en contracción y los precios de los productos básicos en franco nerviosismo, Colombia puede esperar un deterioro de sus cuentas externas, un menor ritmo de crecimiento y, por ende, un aumento del desempleo. El Emisor ratifica esta lectura, ya que envía señales concordantes al reducir mensualmente los niveles de la tasa de interés.

Pero si el Gobierno quiere disminuir la incertidumbre sobre la economía colombiana, está cometiendo un error aún más grave que el de presentar la reforma tributaria.

Empeñado en pasar a la historia, cada día es más evidente que adelanta negociaciones secretas con la guerrilla para iniciar un proceso de paz. Mientras tanto, la seguridad se deteriora y los ciudadanos perciben el regreso a las épocas anteriores al Caguán. Secuestros, atentados a la infraestructura, retenes y extorsiones son pan de cada día en muchas regiones del país.

El efecto que esto tiene sobre el clima de los negocios es demoledor. Si el Gobierno quiere despejar la incertidumbre debería dejar de jugar con la llavecita de la paz, que tiene a los empresarios al borde de una crisis de nervios.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del CESA

representante@miguelgomezmartinez.com

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